Me siento bien cuando las cosas están limpias.
Como si las partes en las antípodas de lo impoluto que se pasean por mi reserva interna, sacaran a relucir sus mejores galas y resolvieran por momentos sus conflictos enquistados en el cuerpo.
Como si aligerar la suciedad externa me ordenara la vista primero y después cada recoveco, un pobre intento por recomponer lo inmaculado a simple vista, que es a veces un hervidero de moscas.
Me gusta ver las cosas limpias. Consciente del brillo de la ausencia de mi pulcritud innata.
Quizás, sin quererlo, la basura que acumulo en las esquinas de mi estómago, mis manos y mi pecho sea de una blancura tan incandescente que hasta logra incinerar todo lo que he ido acumulando desde hace tanto dolor.
Desde hace tanto tiempo.

Verónica Aguilar
@tintacontraluz
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