Yo no quiero ser José Hierro,
y que me entierren junto al mar,
por mí, que me postren dormido
bajo el cielo entumecido de un trigal.
Serán las sámaras el féretro,
las cigarras quienes lloren mi marchar,
serán, mil briznas de oro seco
quienes cubran este cuerpo en erial.
Abrirán con sudores en el cielo,
¡qué bochorno! todo el mundo gritará,
y el sol, como un yunque encendido,
sobre la frente me vendrá a golpear.
Se agrietará la luz sobre mis párpados,
como la tierra sedienta al estallar,
y el aire, espeso con manos de polvo,
mi último aliento vendrá a almorzar.
Yo no quiero ser José Hierro,
y que me pongan desnudo,
desnudo junto al mar,
por mí, que me vistan de lino
que este tórrido me va rematar.
Y serán los días de canícula
quienes escriban mi epitafio en cal,
será el agosto, bestia gris-amarilla,
quien doble el luto de este funeral.
Y no será mi ida quien los hiera,
ni mi sombra la que los hará sangrar,
será el aire, cargado de esta tierra
quien les arranque llanto, sin querer llorar.

Miguel Gómez Castro
@miguelgxmez
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