La memoria de los glaciares

Un halo de nostalgia rodea
a las criaturas que abren los ojos al mundo,
sin ilusiones
y con bravura.
Su pestañeo breve
como aleteo de moscas,
marca el ritmo de un reloj
que empieza a contar en reversa.
¿Cuánto hay de muerte en un nacimiento?
El llanto que acompaña a la primera respiración
exhala el susto que dan las luces de este circo.
Es el miedo a lo que sucederá cuando se apaguen.
La vida es un imprevisto,
un invitado que llega antes a la cita
y apresura el brindis.
Nunca supe,
hasta antes de conocerte,
que nacemos perdiendo.
Diariamente
miles de almas
se deslizan por el canal de parto,
dispuestas a renunciar a su estirpe divina
y a deshacerse de Dios
para retener el sentido humano.
Ninguna recordará
los callejones del mundo sobrenatural
ni el olor del suspiro de los ángeles.
Pero caminarán, seguras,
con sobrada gracia y estupidez
por los jardines de Eros.
Desearán hasta volverse locas,
hasta volverse viejas.
Y cuando el tiempo de los sabios llegue
sabrán que el infierno del amor es perecedero
y habrá valido la pena
besar a un escupefuegos
antes de recuperar la memoria de los glaciares.

dorita paez gimenez escritora poeta

Dorita Páez Giménez
@mariadoritapg
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Una respuesta a «La memoria de los glaciares»

  1. Muy emotivo

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