Santa María

De pequeña, me acostumbré a dormir abrazando el almohadón redondo que mi tía, María Ester Cruvinca, cosió artesanal y exclusivamente para mí. Sus manos, llenas de callos que la volvían ásperas al tacto -aunque siempre dulces y suaves en sus intenciones-, rellenaron el interior del mullido objeto y cosieron su forro, una tela multicolor unSigue leyendo «Santa María»