La libertad no lleva bien andarse sin desalojo.
Arroja resquicios de tiempo en su incapacidad latente.
Incapacidad para verse de frente,
sin el falso intento de la huida.
Busca anclarse a un espejo que le sirva de tregua,
mientras se enreda en caminos
donde le valga de a poco el desespero.
Se imagina lenta y se persigue atenta,
ávida de no olvidar su tempo
en una marcha que por andarse,
pierde latidos en boca
que suplican un aviso a tiempo.
Entonces se desgarra y grita
que no por posesión se la lleven presa
que no hay más condena,
que el no mirar que aguarda, callada
un siseo rotundo de verse a sí misma
como un incidente venidero,
que no oculta la mirada
al despeñadero de la vida.
Pues no hay más sincero destino
que conducirse en silencio
al sorbo de la libertad
que ausente de plagio y ceguera,
en la ronda me cargue a los hombros
y me lleve con ella.
Pues solo así hará de juzgar
si mi osadía merece ser libre.

Luz María de la Hera Molina
@luzmaria.delahera.molina
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