Cadáver a dos voces

Hay islas que son inagotables
están en las aguas de tus ríos,
en los ojos de una memoria
vaciada de lágrimas y lluvia.

Miré los ojos vidriosos, buscando.
Miré y la vi, en otro cuerpo, en otro país.
Miré y la vi tiesa, envuelta en una blanca bandera
mancillada entre consignas
verde olivo.

Miré y vi, solo vi.
Huí.

Un día te sorprendes amando mi boca
cuando pronuncio tu nombre.
Sonriéndole al sol de otro cielo
mientras mi espalda
se llena de flores
y sus raíces me rompen la ternura.

El pueblo gritó y ese fue su pecado más capital.
Se me tuercen los dedos al escribir.
A nadie le importa.
La gente se muere y nadie hace nada.
Me voy, me rindo.
No hay más.

Quizá en el dorso de la infinitud
esté Dios convertido en

Mar

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