Sonetos: Noviembre

Mi fe, mi extraña fe, ¿por qué resiste?
si allá quedó mi tumba en el prefacio
lo de estos meses fue morir despacio
cautiva de esta fe que ciega insiste.

¿A cuál dolor creeré que ya no existe
ni el polvo de la ruina del palacio?
Me vaga el corazón, necio, reacio
espectro que aún ignora que está triste.

Lo juro: cuánto pude yo seguí
errante en el brutal pasar del hombre.
Mi fe, mi errada fe, mi frenesí

se fue a buscar un luto que le asombre.
Que nadie se pregunte qué es de mí.
Que nadie diga ya mi antiguo nombre.

                                                       (no v ie m br e)

La lluvia de estos meses no varía
a diario abnega el alma de celaje
pintó del gris que soy todo el paisaje
lloraba como lloro y sé que es mía.

El cúmulo de meses me vacía
la vida que perdí me es un anclaje
no entiendo qué dolor es más salvaje
si el golpe de ese día o de cada día.

Soñar todas las noches algo triste.
Llorar sin sobresaltos cada tarde.
Mi fe, mi errada fe, ¿por qué persiste?

¿mi fuerza es de valiente o de cobarde?
¿A qué aguardo en el sitio del que huiste
cuidando de este fuego que no arde?

                                                       (n ov iem br e)

Mi fe, mi triste fe, mi fe que en vano
espera redención de lo perdido.
Mi voz, arrebatada por el ruido,
se extingue en un suspiro resignado.

Mis dedos a un dolor mudo y arcano
se aferran con anhelo malherido
y busca todo el cuerpo en cada aullido
a dónde ir a soltar mi propia mano.

Callar no es olvidar, pero es rendirse,
dejar caer la espada y la sentencia.
¿Qué queda ya que tenga que decirse

si ya se ha dicho todo con la ausencia?
Cojeando va a morir sin despedirse
mi fe. Mi extinta fe. Mi inconsecuencia.

                                                       (no v i e m b r e)

emma calderón escritora poeta

Emma Calderón
@emmaland_m
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