Tiempo pasado

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Abrir los cajones del escritorio de mi padre, apilar sus cosas más o menos en montones parejos, vaciar los armarios y limpiar su habitación cuando aún está fresca la presencia de la muerte que lo llevó hacía el viaje infinito, es como recoger las cenizas de un antiguo imperio caído en desgracia; es como intentar revivir momentos del pasado en un presente incierto y gris; te sientes como un ladrón de recuerdos, como un saqueador de tumbas expoliando imágenes de antaño que no querían ser descubiertas. Pero sobre todo la tristeza me embarga, me emociona el hecho de recoger los retales del tiempo que mi padre nunca volverá a revivir y, en estos momentos, pienso en mi madre; recuerdo poco de ella, tan sólo un vacío enorme lleno de ausencia. ¡Hace tanto que murió! Seguro que mi padre sintió una inmensa emoción al recoger sus cosas, seguro que la quería mucho, que la amaba, pero mi memoria no llega a matizar tales detalles y me pierdo ante la neblina de recuerdos que empañan mi razón.

Anoche, en plena tarea de recopilar documentos, papeles y otros ejemplares, descubrí, escondida en las solapas del portafolios de piel marrón de mi padre, escrita de su puño y letra, una carta, quizás la última de su vida, en la que verdaderamente desgrana sus sentimientos ante tantos años de viudez y de vida solitaria sin mi madre. Esta emocionante y desgarradora carta ha despejado de golpe todas mis dudas e interrogantes que tenía sobre el amor que se profesaban mis padres y sobre cómo era mi madre: una mujer maravillosa. Sin duda, es una verdadera declaración amorosa, postrera y eterna, escrita por mi padre en el umbral de su muerte. Dice así:

“El tiempo pasa inexorablemente, va pasando rápido ante tus narices y te atrapa en la maraña de caricias que componen los escandalosos latidos a su paso por las calles silenciosas. Rápido, escandaloso y traicionero, te sorprende sentado en tu viejo sillón observando aquellas postales amarillentas que un día se llamaron recuerdos. ¡Ay si el reloj hubiera corrido menos! Despacio, contemplas el transcurrir silencioso de tu vida, en el invierno gélido que cubre de blanco tu alma, pensando, si es que piensas, en el mañana o en el amanecer de un nuevo y ansiado día. Ya no es posible dar marcha atrás y desandar el camino, a estas alturas los minutos caen pesadamente, como a plomo, en el revés de tu corazón. Las horas muertas son todas y el tiempo libre se fue para dejar sitio al aburrimiento y a la angustia. La soledad llena tan rápido tus vacíos que ni tus amigos están ya para repartir la carga, que antaño soportaban tus hombros. No puedes más, la furia te embarga, quieres protestar airadamente, deseas alzar la voz y en un grito desperezar el hálito húmedo de tu quietud para pedir al cielo tan sólo un segundo más de vida. Deseas rememorar impulsos frenéticos de tu corazón; ansías volver a experimentar emociones en tu alma y a descubrir otros mundos; quieres susurrar de nuevo, sonreír al viento y volar amando otra vez a la mujer que te dejó preso y cautivo con el candor de sus besos. Pides una sóla oportunidad, una tan sólo, para coger de la mano a la luna.

Soñar, ¿qué es soñar sino anhelar vivir lo vivido o lo que no se ha podido vivir?. Amor de sus amores, hilo que te sostiene pegado a esta vida, quieres soñar que te despiertas a su lado y dormir con ella, amarrado a la cintura de las ilusiones; compartir noches de labios tiernos con cuerpos tibios y desnudos, piel morena, ojos profundos y un dulce aroma embriagador que te saciaba en el mar de sábanas blancas. ¿Por qué te escondes ahora, bohemio soñador que recorría la boca de mi ángel para volver a despertarme con el roce de tus alas?, ¿por qué no me despiertas cada mañana?, ¿por qué no apareces? Concédeme el anhelo de sentir tus alas sobre mi pecho, déjame seguir soñando con sus manos de diosa, con su cara, ¡sí, con su cara!, tan…, no puedo siquiera emular el rostro que se quedó grabado en mi memoria con más belleza aún de la que puedo recordar.

Describir con atención y todo lujo de detalles la imagen guardada herméticamente en mis pensamientos es tarea imposible que daña el surcar tranquilo de los años por el mar de la vida. No puedo describir lo indescriptible, pero si puedo sentir; puedo sentir, otra vez, el roce de sus dedos sobre mi piel como que estoy sentado contemplando mi suerte; puedo sentir, de nuevo, como se eriza el bello de mi cuerpo con su mirada transparente y sensual; puedo volver a sentir todo eso en el regazo de sus brazos, en el latir pausado y límpido de su vientre y en la sangre de sus venas, por la que siempre navegué cobijado en la barquita color carmín de su boca.

¡Tiempo! detén tu atención un segundo y escucha cómo el deseo de amarla regresa a mí en mi último y deseado viaje en busca de unos ojos que me calmen y den paz. Pon freno a tu enloquecida travesía sin retorno y dame un respiro, un sosiego, un momento de descanso; haz una pausa, amigo fiel y traicionero, para que me recree en el amor que perdí por un revés del destino. Déjame volver a amarla, a rodearla con mis brazos fuertes y vigorosos, a besarla por todo su cuerpo, a percibir delicadamente el dulce olor de su piel, déjame, por favor, aunque sea el sutil instante de abrir y cerrar los ojos, porque ella es la que me acompañará siempre, en el recuerdo de unos días que fueron los más felices de mi existencia.

Ahora, aquí postrado ante el televisor de mis pesadillas, tan sólo espero tu pronta venida, fría y en silencio, para que me lleves junto a ella y pueda, después de tanto tiempo, ver su sonrisa moteada de ternura y estampar un sonoro beso en sus labios. Pronto nos veremos querida.”

Por: José Carlos Mena (Escritor de Letras & Poesía) 

https://sonrisasenelcamino.es

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Hermoso relato, Tierno, entrañable, triste y repito ,hermoso..

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  2. Carlos dice:

    Gracias amigo Jordi, me alegro que te haya gustado. Un fuerte abrazo y gracias por tus hermosas letras que me inspiran a continuar escribiendo.

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  3. emiddcc dice:

    Hola Carlos, interesante relato, he pasado unos instantes muy agradables con su lectura.
    Un saludo cordial amigo.

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    1. José Carlos Mena dice:

      Gracias amigo Emilio, me alegro que te haya gustado. Salud y un cordial saludo

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