Almudena Anés (España) Amistad Escritores de Letras & Poesía Nostalgia Poemas Reflexiones Relatos Tristeza

Juguetes en el Ático

Solía haber gente dentro de estos muros de piedra, fríos e inexpugnables. Antes sentía calor en el interior de aquella fortaleza que, con el tiempo, había empezado a llamar hogar. No tenía ventanas ni puertas, sólo cajas y cuadernos vacíos, y una cama para cerrar los ojos y no volverlos a abrir jamás en situaciones de emergencia, por medidas desesperadas. Fluorescentes intermitentes brillando en el techo de mi celda y mi casa, como mariposas suicidas destinadas a hacerme compañía en sustitución de aquellos a los que alejé en el pasado mediante la sombra y el metal.

No sé pensar ya con claridad o he dejado de intentarlo, tal vez no conozca la respuesta a mis propios demonios, jueces de mi locura o inteligencia y únicos responsables de mi conducta interior pero no de mi felicidad o desgracia, ellos nunca lo entenderán. Confusión alterna, como la corriente, y conexiones cerebrales que ya no funcionan, terminando todas en una línea muerta en el encefalograma, con un sonido sordo muy lejos de los rasgueos de guitarra que tu presencia traía consigo.

Objetos rotos sin personalidad desvanecidos por el calor de nuestras ausencias en el ático de mi casa, justo al final de la calle, donde aún nos esperan las migajas de unas galletas de chocolate que son polvo en nuestras manos, egoístas y miserables. Juguetes por el suelo, a kilómetros de distancia de sus cajones y sus cavernas de diversión infinita y fantasía terrorífica, ni que mi vida fuera una película con la estética de Tim Burton.

Y no puedo, o no quiero agachar la cabeza ante aquellos que nos arrebataron nuestros camiones de plástico y te estallaron las cuerdas de tu instrumento favorito contra el parqué del mismo suelo que nos había visto caminar por primera vez. Es cruel volver la vista atrás y contemplar un pasado de cenizas blancas, vacías de color y emoción, sin recovecos sentimentales donde refugiarse y dejar la tempestad de la madurez lo más remotamente posible, como huesos enterrados de una mascota querida y hace tiempo olvidada.

Hay algo en mí, o en la humanidad, que no funciona, una pieza del puzle que no encaja y vamos a tener que acoplar a la fuerza, aunque duela y no merezca la pena, hay muñecos de trapo que necesitan todavía una caricia, algo de amor en el interior de sus corazones de tela, más sensibles que los que laten de verdad. Carne y piel que se confunden entre sábanas claras, antiguos refugios de los mayores cuentos y aventuras, sin sitio ni inocencia interrumpida para suspiros fuera de tono u orgasmos incomprendidos para las mentes más niñas.

A cocinitas o a médicos, con pilla-pillas de por medio o escondites que nunca se acabaron, todos mis juegos esperan aburridos encima de nosotros a que volvamos arriba… También lo hago yo por ti, o por todos, me da igual, en realidad sólo eres tú quién me importa un poco más. Luciérnagas de papel que esculpo con el papel de las notas que nos mandábamos en clase durante las peroratas interminables de Matemáticas y que se consumen con su propia luz y tinta de no verte de nuevo cruzando el umbral de mi casa, hastiada de tanto sufrimiento sin coherencia.

Tal vez ya somos mayores para jugar a las muñecas o a la rayuela, pero no tanto para confiar los unos en los otros, antes las cosas parecían más fáciles, enigmas de nivel infantil sin complicaciones económicas, sociales o políticas, solamente aspirantes a personas con cometas hiladas de sueños, cortadas ahora los hilos por un mundo devastador y despiadado que nunca escribí en las historias que os contaba antes de ir a dormir, sin pesadillas ni preocupaciones, exclusivamente proyecciones para menores en nuestros cines cerebrales.

Pero ya es tarde para lamentar las acciones que tomasteis demasiado pronto, os arrancaron las alas de cuajo, y ahora me esfuerzo inútilmente por despegaros de mi cristal como si fuerais vulgares bichos, y esto es triste, muy triste porque os echo de menos como los huéspedes de los amigos que ocuparon una vez mi vida.

Tarde, mal y nunca, dicen… Llamadas que no terminan de llegar y fantasmas que se hospedan en el hotel de mi alma aprovechando las ofertas de soledad, habitaciones con el cartel de no molestar y una decoración en papel maché demasiado fea y que debería cambiar por otra nueva y moderna, sin embargo, aún perduran las manchas de vuestras visitas y salidas.

Juguetes rotos, destrozados y tirados por el suelo… Atrapados en el ático de mi memoria… ¿Ahora quién os compondrá?

Por: Almudena Anés (España)

historiasdel98porunadel13.wordpress.com

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