Andrés Puentes (Colombia) Autores

Lo que nos ha hecho falta

Imagen tomada de El Espectador 

En Colombia, como consecuencia de un conjunto de normatividades (que agrupan desde una ley, hasta una sentencia de la Corte Constitucional, máximo órgano interpretativo y protector de la Constitución Política colombiana) se ordenó la revisión de los manuales de convivencia de los colegios y escuelas públicas y privadas de la nación, con el único fin de eliminar cualquier medida que pudiese ser considerada como discriminatoria, y que por consiguiente, vulnerase los derechos fundamentales de los niños, niñas y adolescentes pertenecientes a dichas instituciones educativas.

El pasado 10 de agosto, personas de todo el país salieron a las calles a protestar por una supuesta “ideología de género”. Argumentaban la imposibilidad de permitir a los menores de edad decidir sobre su sexualidad y el acompañamiento por parte de las instituciones educativas en tal proceso, en tanto que, de acuerdo a sus representantes, “esto ocasionaría un daño al adecuado desarrollo del niño”. La  confusión reinó en Colombia.

Resultado similar generó la Sentencia C-683 de 2015, en la cual la Corte ya referida dio vía libre a las parejas homosexuales a adoptar. Ante ello,  la ciudadanía católica y cristiana decidió convocar una consulta popular para refrendar la idea de la llamada familia tradicional (conformada única y exclusivamente por mamá, papá e hijos), y si se cumplen con los requisitos exigidos por la Constitución y la Ley para ello, dentro de unos meses los colombianos estaremos asistiendo a las urnas para votar y decidir sobre los derechos de una minoría históricamente discriminada.

Lo mismo está sucediendo en estos momentos con la pugna entre el presidente Juan Manuel Santos (actual jefe de estado de Colombia) y el ex mandatario Álvaro Uribe Vélez (presidente entre los años 2002 y 2010) con respecto al Proceso de Paz que se está llevando a cabo en la Habana (Cuba) y que pretende poner fin a un conflicto armado que azota a la nación desde hace más de 50 años. Los seguidores de uno y el otro atacan al oponente con diferentes ofensas, lo cual refleja una discordia política que algunos afirman, ya hace parte de nuestra idiosincrasia.

Idéntico caso: seguidores de Hillary Vs seguidores de Trump; extremistas religiosos Vs secularizados; políticos de convicción Vs apáticos; pro-americanos Vs pro-oriente medio; en fin, tensiones sociales, políticas, económicas y culturales que van de un extremo a otro del globo. ¿Qué nos ha faltado?

Si bien es cierto que en los dos primeros casos mencionados la comunidad Lgbti son innegablemente minoritarios, esto no quiere decir que los defensores de “la familia natural” estén en la potestad de limitar sus derechos aferrados al principio democrático en el que las mayorías son quienes toman las decisiones.  Como tampoco se puede afirmar que los promotores de los derechos de las minorías (y aquí hacemos referencia no únicamente a los Lgbti, sino también a todas aquellas facciones de la sociedad que en algún momento fueron o han sido marginadas, como las mujeres, los afrodescendientes, miembros de diversas religiones, etc.) estén facultados para degradar a aquellos que se aferran a ideas tradicionales por el simple hecho de ser reacios al inminente cambio. Tal consideración sucede en los demás ámbitos mencionados: nos ha faltado respeto y tolerancia.

No podemos caer en el error de afirmar que los únicos que discriminan son aquellos que disciernen del pensamiento pos-modernista (que para efectos de comprensión del texto, los entenderemos como quienes se oponen al matrimonio y adopción igualitaria, los opositores al proceso de paz colombiano, los extremistas religiosos, y demás grupos que se puedan llegar a considerar como opositores al cambio en tales materias). He sido testigo de cómo estos son humillados por parte de quienes promueven las mismas ideas que yo mismo defiendo. “Retrógrada”, “homófobo”, “religioso”, “guerrerista”, “paramilitar”, son los insultos más utilizados, que en un plano de igualdad, no son nada diferente a los que nosotros buscamos erradicar: “maricón”, “roscón”, “guerrillero”, “comunista”.

No es posible que, quienes promulgamos la libertad, igualdad, tolerancia y (en el caso colombiano) la paz, seamos partícipes del mismo error que las generaciones pasadas cometieron. Hemos de ser coherentes con lo que decimos y hacemos. No puede haber discriminación de ninguna tipo.

Es nuestro deber defender nuestros ideales, pero para ello debemos respetar los de quienes piensan diferente, siempre en búsqueda de un consenso argumentado, como pilar fundamental, la tolerancia.

Por: Andrés Puentes (Colombia)

facebook.com/andresfelipe.puentesdiaz


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