Una carta para usted

Primero que nada hay que aclarar lo siguiente: Usted no es el único importante en mi historia sentimental. Y no me refiero al hecho de que, antes de usted, se encuentran mi padre, madre, hermanos, familiares, el perro, mi jabón de lavanda y la toalla de cocina; sino a que hubo alguien en mi vida hasta una semana previa de que empezara lo nuestro.

Nunca tuve el valor de decírselo, supongo que no tenía ganas de que su perspicaz e irritante temperamento me tildara de puta o algo parecido (lo más seguro es que ya debe estar pensándolo). Da igual, ahora que usted y yo no somos nada, no importa que me juzgue, de todas formas cuando llegue la hora de repartir cargas y culpas, las suyas serán mucho más pesadas.   

Si bien yo conocía su situación romántica con ella, usted  no debía tentar a la carne, no si se trata de la piel de una impulsiva sin remedio, soltera y con demasiado tiempo libre en su agenda. En fin, ambos fuimos unos tontos y nos hicimos daño, como toda relación existente en el género humano desde el principio de los tiempos.

El motivo de esta misiva no es precisamente recordarle que hizo mal, que ella no se merecía esa conducta tan arrogante suya y que yo no me debía ser su juguete, pues así se dieron las cosas y no podemos cambiar el pasado; mis palabras vienen a contarle que usted no es tan maravilloso como cree, darle un golpecito en ese ego a ver si baja su calibre.

Desde el momento que le conocí me pareció infinitamente interesante. Era todo lo que no buscaba en un hombre, pero aún así su mirada me envolvió poco a poco. Dicen que al final lo que nos atrae es la personalidad, sin embargo, lo que me guió hasta usted fueron sus palabras, súmele a eso su insolencia, su mente abierta en todas direcciones y su aflicción a la música.

Sinceramente debo decirle que, a pesar de eso, nuestro primer encuentro fue… Horrible… Me sentía como una muñeca, como un ser sin vida a pesar de que su boca sintonizaba perfectamente con la mía y que sus manos dibujaban miles de girones en mi piel, no sentía absolutamente nada. Esto, sin duda, porque no podía concentrarme en usted, estaba pensando en él: En qué diría si me veía allí, cuánto sufriría sabiéndome con usted, si él estaría haciendo lo mismo, en por qué pensaba en él… Suerte que todo terminó tan rápido, no podría haber disimulado mucho tiempo, no sé fingir en momentos así.

A diferencia de lo que pasó con usted, con él me emocioné desde el primer encuentro. Él era tormenta en mi inmenso mar, era gasolina y yo la llama, podía provocar un choque eléctrico al instante de rozar sus labios con los míos y más de una vez mi piel se erizó bajo sus manos, estremeciéndose de placer. Eso nunca pasó con usted., seguramente porque él era mucho más delicado y supo adivinar la forma correcta de hacerme explotar con solo besarme, impregnó en mi piel su perfume sin haberla recorrido por completo, me hacía tocar el cielo y llevarme conmigo las estrellas… Lástima que no lo amaba.

Si comparamos, él era un dios y usted un bicho de pradera.  Puede escucharse despiadada mi declaración y quizá le suene a reproche ahora que “rompimos” (¿Esto alguna vez fue una relación?), pero todo lo que he escrito es cierto. No se lo dije antes porque no quise que de alguna forma esto lo alentara a seguir adelante con algo que no valía la pena.

Sí, lo estoy admitiendo: Yo no valgo la pena, intentar enamorarme es imposible, a usted le consta. Hace tiempo encerré mi corazón en una caja fuerte y la arrojé al vacío abismo donde habitan mis demonios, que terminaron devorándolo sin que me percatara de ello, convirtiéndome en un errante monstruo con un pedazo de concreto en el pecho, linda sonrisa y buenas piernas.

Y no se haga el tonto, sabe bien de quien le hablo, usted le conoce más que yo: Sabe todas sus manías y de todas sus simpáticas aventuras. Muchas de esas anécdotas me las contó en nuestras noches furtivas mientras me abrazaba y reía como niña, protegida en sus brazos. 

Volviendo a nuestro tema principal, con usted comencé a sentir a partir del segundo encuentro, parece que me acostumbré a la idea de besarle, que para mí era más que necesario. Con usted trataba de olvidarlo y debo decir que esta vez funcionó eso de que un clavo saca a otro clavo, aunque tenía miedo de quedar clavada.

No porque fuera usted un amante impresionante, no porque fuera la mejor persona, simplemente porque con usted las cosas eran fáciles: Mi libertad no estaba siendo perjudicada, mis necesidades sexuales estaban satisfechas y no corría el riesgo de que usted se enamorara de mí, que fue exactamente lo que pasó con él. De hecho, eso es otra cosa que tenemos en común, ninguno de nosotros estaba enamorado. Yo no puedo y usted, la “ama” a ella (si es que el engaño es parte del amor).

Con usted descubrí que ser la segunda no va conmigo. De igual forma debo agradecerle por los ratos en que estuvimos juntos, fueron experiencias que en mi vida no volveré a repetir, no porque no haya sido divertido ni mucho menos, pero no quiero que el karma me tumbe en cuatro y coloque un tubo en mi trasero.

Después de todo esto, no tentaré a La Vida  diciendo que “no haré esto o lo otro”, me he dado cuenta que ella se especializa en colocarnos en las más descabelladas situaciones.

Disfrute su vida con su mujer y procure que ella no encuentre esta carta, pues por absurdo que parezca y a pesar de que se lo ha ganado, no quisiera que ella le dejara. Supongo porque, en parte, eso lo devolvería inevitablemente a mis brazos y usted es un peso con el que no quiero cargar, no ahora que ya me he decidido a seguir adelante.

Le anexo mi carta de renuncia, no pretendo seguir viendo su cara de cínico en la oficina. ¡Ah! Y salude a su hijo de mi parte, me pregunto si algún día usted tendrá el valor de decirle que gracias a usted pude despegarme de su recuerdo,…

Se despide
Su secretaria

Por: Tintazul21 (República Dominicana)

palabrasdetodoynada.wordpress.com


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Edda Diaz dice:

    Interesante, muy interesante

    Me gusta

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