Escritores de Letras & Poesía Lluis López Sanz (España) Reflexiones

Spoiler, traidor

Viajo en el tren, enfrente de mí una chica lee una novela, de vez en cuando levanta la vista y parece pensativa, supongo que debe ser a causa de su libro. Con mucho esfuerzo consigo ver el nombre del autor: Orhan Pamuk, recuerdo este nombre como premio nobel turco en 2006. Me interesa ahora ver el titulo de la portada, la muchacha cierra de vez en cuando el libro y observa a su alrededor, pero parece no mirar. Con dificultad  y disimulo consigo leer el titulo: ‘Kara Kitap’, ni idea, parece un nombre propio, pero necesito saber más.

Lo busco en el móvil: Wikipedia en marcha, ya leo  los títulos de las novelas de Pamuk pero no está, busco un poco más, al fin, sí que estaba, el título en castellano es ‘El libro negro’. Significa que ella lo está leyendo en turco. La observo, podría ser turca, o no: cabello negro, ojos negros bonitos y grandes, no exagero si digo que es guapa, pero no exótica ni furiosamente atractiva, porque el resto de su forma: ropa y adornos, son iguales a los de cualquier mujer joven de ciudad occidental: muy poco maquillaje y discreción, pero con cierta elegancia. No creo que sea estudiante de turco en Barcelona, no es muy habitual estudiar este idioma por aquí. Me gustaría que alguien la llamase por el móvil para escucharla hablar.  No hay suerte.

Sigo leyendo en Wikipedia, busco el tema de la novela, me entero en unas cuantas líneas, creo que es una buena obra, parece próxima al género negro, hay desaparición y un crimen, de modo que ya sé cómo acaba ‘Kara Kitap’. Me intriga, y me pregunto qué pasaría si de pronto  le explico a ella el final de la historia. Puede ser que me pegue un bolsazo, es bastante probable; puede ser que cierre el libro y que me diga que gracias por habérselo  dicho  porque le parecía pesadísimo y estaba a punto de dejarlo, o puede ser que no me entienda, aunque lo veo difícil  porque no parece una turista: su ‘aire’ no es el de una  despistada de afuera que mira constantemente la pantalla de las paradas y el nombre de las estaciones; ni siquiera se fija en el posible paisaje. De las tres posibilidades la que más me gusta es la primera; me la merecería por imbécil y por spoiler, y pienso un poco en ellos durante el trayecto.

Un buen spoiler es ese amigo que cuando te va a explicar un chiste ya te lanza el final antes de acabar; un spoiler  es una eyaculación precoz; es un rompe fiestas, en definitiva, es alguien que te anula todo el proceso que media desde que inicias algo hasta que lo terminas, y nos quita la experiencia de recorrer ese camino que también forma parte del necesario placer, porque como se decía, o se dice, lo importante no es llegar a un sitio, sino ir.

Claro que hay situaciones en que la función reventadora del spoiler no tiene sentido, por ejemplo, cuando comenzamos a saborear una buena copa de whisky, ningún ‘enteradillo’ nos puede arrebatar ese tiempo intransferible que vivimos  antes de llegar al final de la copa, aunque nos chive los sabores y secretos de nuestro whisky: no puede hacernos ese daño, es imposible, como tampoco tiene función el spoiler si leemos  ‘En busca del tiempo perdido’ o vemos ‘Esperando a  Godot’, es bien evidente, en casos como estos, el spoiler sería tan inútil como tomarse dos Viagras para ir a misa.

Sin embargo,  un spoiler celestial sería nocivo si nos advirtiese de cómo y cuándo será nuestra muerte, su efecto sería terrible porque  a partir de ahí todo el proceso vital perdería  su sentido, y la ‘belleza’ del misterio de para qué estamos aquí quedaría enterrada, porque entonces descubriríamos que, hagamos lo que hagamos, el final ya está escrito y sentenciado. Vaya gracia.

En la ausencia de ese spoiler profeta, que afortunadamente no existe, el placer de la vida es ir construyéndole el sabor poco a poco, y descubrir  —si es que es posible—, cual es el sabor final que queda después del último trago o de la última línea, porque el sabor de las cosas, como en  el buen  whisky; como en el largo juego del amor o como en el avance de una lectura, es el placer de descubrir que su conocimiento ha sido progresivo, y  si todo se ha hecho bien, quedan deseos de volver a repetirlo, aunque no siempre sea factible.

Por eso creo que de la misma manera que un buen final puede salvar una mala novela, o un beso apasionado y sincero puede abrir nuevas esperanzas tras el ‘gatillazo’, es la muerte la que  da sentido a la vida si tenemos la capacidad de saborear todo lo pasado, pero hay que recorrer todo el tramo, y que nadie nos lo patee.

De todas formas, a los pocos días comencé a leer ‘Kara Kitap’, aunque ya conociese el final, con lo que desinflo un poco a los dichosos spoilers. Y si alguna vez me vuelvo a encontrar en el tren a aquella mujer, le explicaré todo esto y más, sin ningún riesgo de que me pegue con el bolso, porque ella ya habrá terminado su lectura. O, a lo mejor, aún así me lo pega. ¿Hay quién sepa seguro cómo puede reaccionar?  Pues que no me lo diga.

Por cierto, al principio del primer capitulo, hay un epígrafe:

Adli:  ”No uses epígrafes porque matarían el misterio de la lectura”.

Por: Lluis López Sanz (España)

twitter.com/amadisdetiana


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