Runaway

Toda una vida huyendo hacia adelante, sin detenerse demasiado a pensar. Las ciudades se suceden una tras otra, de trabajo basura en trabajo penoso, pero libre por fin. Liberada de un tormentoso pasado que todavía lleva tatuado a fuego en la piel, esa que cada día se descarna un poquito más en la solitaria lucha por seguir sobreviviendo.

Era una niña feliz y protegida, hasta que dejó de serlo y el infierno se desató. Al más puro estilo americano, esperó impaciente a cumplir la mayoría de edad y, el mismo día de su cumpleaños, salió por la puerta de la que, hasta el momento, había sido su casa llevando encima lo que le cabía en su mochila de cuero prestada. Ni siquiera había mirado hacia atrás. Desde ese instante tenía la mirada fija en un futuro que aunque incierto, era suyo.

Habían pasado varios años desde entonces y todavía no tenía demasiado claro qué andaba buscando, pero una cosa era segura: prefería mil veces los inesperados golpes de la vida con sus visibles cicatrices, que las palizas programadas una vez al día e impartidas por una experta mano en ocultar las señales.

La soledad es la única losa que realmente le pesa en esa vida itinerante, incapaz de confiar y establecer ninguna relación sincera con nadie. Todavía no puede hablar de ello, aún es demasiado pronto para dejar de mirar por encima del hombro y abandonar esa sensación persecutoria… Sin embargo ahora se siente a gusto consigo misma y su situación mientras sirve mesas en ese pequeño café. Los recuerdos no la acosan y se siente a salvo entre los parroquianos del lugar, gentes tranquilas que día tras día no perdonan su café matinal y su tentempié de media mañana.

La vida en la cuerda floja es una odisea repleta de retos, y todavía se complica más cuando las adversidades ya vienen de serie, y es que un día de estos la campana de la puerta del bar sonará y la comanda no será una de las habituales…

– Un whisky solo- y un escalofrío recorrerá con fuerza su espalda…

Por: Cafés para el Alma (España)

cafesparaelalma.wordpress.com


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Al ir sirviendo café, sus manos fueron depositando trocitos de angustia en las mesas, y se le fue yendo de a poco.

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