Fingiendo ser yo

La terraza del bar de moda se había llenado un sábado más y todavía no eran más de las once. No podíamos sentarnos, pero la barra exterior dominaba tanto el interior del local como las mesas de la terraza.

Allí estábamos una noche más, con la copa en una mano y un pitillo a medio fumar en la otra. Ya era el segundo que consumía sin enterarme, por no hablar del deplorable estado en que estaba dejando mis uñas al comérmelas inconscientemente, pero sabía que de un momento a otro él iba a aparecer y yo debería aparentar normalidad.

– Para de una vez, te vas a dejar muñones en lugar de dedos – me riñó mi mejor amiga apartándome de un manotazo la mano de la boca.

– No puedo, me va a dar algo como no aparezca y vuelva todo a la normalidad – respondí echando mano de uno cigarro.

– ¿Volver a la normalidad? – preguntó escéptica. – No te engañes, habéis dejado de estar juntos hace una semana y él ha vuelto con su novia anterior que para colmo es su chica de toda la vida. ¿Cómo va a ser nada de esto normal?

En efecto, esa era yo, la que pretendía la normalidad en una situación más tensa que la cuerda de una guitarra. Cuerda que se rompió en mi interior al verle llegar cogiéndola de la cintura.

Fue como en las canciones de amor: te vi y el mundo parece dejar de girar. Todo se paró a mí alrededor, hasta mi inútil corazón se saltó un latido consternado. Allí estaba, todos mis miedo e inseguridades hechas carne.

Pero cuando el orgullo toma el mando te puedes convertir en una bestia sin sentimientos, determinada a alcanzar una venganza que no te va a proporcionar otra cosa más allá de un vacío devastador que te costará la pureza del alma. Sin embargo, el animal de ojos verdes que habita en tu interior te espolea de una manera que es imposible ignorarlo y acabas llevando a cabo los actos más deleznables, porque de cara a la galería no puedes mostrarte tal y como eres.

Y la pura verdad es que una pequeña y agazapada parte de ti misma pervivirá y seguirá sufriendo, porque duele fingir que estás bien cuando te estás rompiendo por dentro. Y es que: Cómo desgarra dibujar una sonrisa cuando en tu interior te desbordan las lágrimas y, cómo duele fingir que no eres tú.

Por: Cafés para el Alma (España)

cafesparaelalma.wordpress.com


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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Saber que va a lastimarte pero no poder dejar de querer estar cerca, mirarlo, escucharlo reír, rozarle apenas con los dedos mientras él no se da cuenta del peso que te oprime el pecho.

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