Viejos conocidos

Pensaba que nunca la vería de nuevo y mucho menos mezclada en mi mundo caótico y negro. Ella era de las que claman por ver llegar el sol porque las sombras de la noche la dispersan y ya no pueden ni encontrar su sombra, de esas niñas buenas que pretenden ser malas cuando uno les da la oportunidad.

Yo se la di muchas veces, le permití mostrarse ante mí con sus mil caras, casi hasta la vi llorar, pero ella es orgullosa y lo único que compartió conmigo fueron sus ojos vidriosos, negros como el azabache, esos ojos en que me encantaba ver mi reflejo y que podían al mismo tiempo reflejar rebeldía e inocencia casi virginal.

Mentiría si dijera que no pude tocarla, lo más genial que me ha pasado a su lado fue tocar sus nalgas redondeadas, tener su pelo entre mis dedos y su cara angelical entre mis manos. Hubiera dado lo que fuera en otro tiempo por volverla a encontrar y perderme entre esa piel blanca, casi pálida, tan fascinante para mí, en esos labios que ella enfatiza sólo con colores oscuros y juguetear entre sus piernas cabronamente bien formadas.

Ahora que la tengo enfrente siento que ella ha cambiado. Algo en su semblante se ve diferente, más maduro quizá o más centrado tal vez. Ya no se ve el destello de inocencia en sus ojos y la noche no parece molestarle, al contrario, parece que disfruta que el manto negro de estrellas se pose sobre su cabeza delirante y entreteja historias que se olvidarán al amanecer.

El simple hecho de que haya aparecido en uno de los conciertos de punk locales que ella solía despreciar, y que yo amo, dice mucho del salto enorme que está dando en la vida, sin embargo hay cosas que no pueden cambiar.

Ella sigue aparentando ser la mala de la película, la ruda, cuando quienes la conocemos sabemos que es un algodón de azúcar tierno de mal carácter. Sigue prefiriendo las cervezas alemanas, uno de los tantos lujos que papi le puede dar, y sale con los tipos más “malos” que se puedan cruzar en su camino. Aunque debo decir que ella nunca sabrá lo que es un hombre malo de verdad, eso es un privilegio que pocas chicas ricas tienen.

Mientras la música suena, ella mueve gentilmente la cabeza hacia adelante y hacia atrás con la gracia que caracteriza a una mujer de sociedad. Todo su cuerpo hace eco de este movimiento y su ropa dibuja fielmente su silueta. Entre luces, sonido y unos tragos, yo sólo puedo pensar que debe verse hermosa si se mueve de esa manera al follar, y con ese pensamiento, y un scotch extra en la mano, me le acerco para jugar con su cordura una vez más.

 

Por: Tintazul21 (República Dominicana)

palabrasdetodoynada.wordpress.com


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