No quiero ser viral.
Ni escribir para las masas.
No quiero que nada de lo que haga
se propague en espiral.
Sin saber cuál es el principio ni el final.
No quiero que mis letras se pierdan
en el vacío de la oscuridad.
Que con el paso de los días
sean sólo otros cientos de palabras
que nadie vuelve a recordar.
Pero tampoco aspiro a la eternidad.
Creo que hay un punto medio
entre lo efímero y la perpetuidad.
Me conformaría con saber
que un par de ojos supieran entender
lo que pongo en mis renglones
desde lo más íntimo de mi verdadero ser.
Jamás siquiera llegué nunca a pensar
en escribir para nadie
que no fuese otro que yo.
No soy artista.
Ni escritora.
No soy poeta.
Ni nada que se pueda calificar.
Y mucho menos pretendo ser viral.
Me gusta el anonimato
y la sombra que proyecta.
Me cobijo entre sus hojas
como el perro en el verano.
Quiero seguir sintiendo las punzadas
de cada una de las costuras
con las que zurzo mi alma y mis cuadernos.
Porque pienso que las letras son cuestión de calidad.
No de cantidad.
Y no por esto digo que las mías sean tal.
Aún espero encontrarme alguna vez
con una red que no atrape a ningún pez.
Cuando esté de moda el no estar de moda.
Que los vídeos más vistos proyecten valores y personas.
Y no imágenes hieráticas de mediocridad.
O que los acordes de los músicos
que puntean las cuerdas de la aurora
lleguen a todos los oídos de los que aman la música
tanto como lo hago yo.
Elijo los versos que se cuelan en tu vida.
Y la desmontan y la cambian cuando, sin querer,
te roban la sonrisa como ese flechazo inesperado
que te da un beso por la espalda y a traición.
Quiero encontrar en las palabras la cama
donde puedan descansar mis emociones.
Reposar la cabeza en el costado de un poema
y apagar la luz del cielo sin quedar en la penumbra.
Aplaudo sordamente a todas las personas
que crean sin crear.
Que lo único que tienen en su mente
al componer, al escribir o al dibujar,
es combinar el sonido de la risa con los latidos del amor.
Y compartir los esbozos de sus sentimientos
en un formato que muchos no saben entender.
Yo no busco el éxito.
Ni él me busca a mí.
Nunca he aspirado a nada más
que a ser feliz.
Y que esa felicidad sea siempre
mi leitmotiv.
Pero me da mucha pena, de verdad,
comprobar cada mañana
cómo los que esculpen en el espectro del sonido,
en las páginas de libros y en mil lienzos
las destrezas de su yo,
pasan cada vez más inadvertidos.
En un mundo que opta tantas veces por lo ordinario
y olvida que un “extra” puede ser no sólo un prefijo,
sino un adjetivo de la mala educación.
Si me das a elegir en qué bando quiero estar,
sin dudar un ápice te contestaré
que elijo agrandar las cuentas
de todos los que son antiviral.
Porque en sus pequeñas creaciones puedes descubrir
la belleza de un diamante sin pulir.
Toda la magia y todo aquello
que el ser humano ha buscado
durante milenios sin parar.
Que una persona te abra su interior,
sin censuras ni condición.
Aunque yo no sea capaz de inventar una palabra
que resuma en una sílaba
los anhelos más profundos de mi pobre corazón.
Y todavía diste mil edades de poder aportar
una molécula de arte al mundo de la creación.
©Registrado en Safe Creative Código #1608232137830
Por: María Eugenia Hernández Grande (España)
maruspleen.wordpress.com
Únete a nuestras redes:



Replica a #129 [Antiviral, colaboración para Letras&Poesía] – MaruSpleen Cancelar la respuesta