
Cuando el viernes nos arrastre
a la cama como un premio
morderemos desgarrados
los pájaros del sueño,
Artemisa besará
con vehemencia tus pupilas
y habrá hueco en los rincones
para enredar
las luces del suburbio,
afuera en el mercado
no hay un dios que ampare la tristeza.
Un café embalsamado te espera,
en el sencillo ritual
veo como te desnudas
y te metes a la cama
con la conciencia en un hilo,
“gracias a dios que es viernes”
te oigo decir
y me abrazo a tu espalda
mientras rezo por lo bajo
un sueño más profundo y una vida más fácil.
Le pido a los guardianes,
que nos cierren la puerta
que congelen tu sueño
detrás de los cristales
del mercado y el miedo.




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