Autorretrato

Soy insensible, sí.
A veces siento que tengo el arma en mi cabeza,
que no funciona con balas
sino con pensamientos.

Soy frío, sí. Como el glaciar.
Porque a la noche no temo
y en la sombra de mi sombra vivo,
como la oscuridad del corazón más muerto,
soy frío e insensible,
no siento nada que no haya rozado mi piel,
no siento el huracán hasta que eriza mi cuerpo,
no siento el fuego hasta que incendia mi pecho,
no siento la muerte hasta que duerme la razón.

Quizá no sea tan insensible
si he engañado más de una vez al mundo,
si he fingido ser un poeta romántico
cuando solo he arañado mi alma
y he dejado caer unas gotas de sangre negra
que parecía poesía.

Me miro al espejo y, fugazmente,
vuelvo a ver la escarcha
y aparece el petricor de cada mañana.

Solo hay una persona que me ha hecho sentir.

Sí, a un cuerpo roto por la simple existencia del universo,
a un alma mustia y desolada
por una humanidad ignorante.

Esa persona es la que dijo
que mataría monstruos por mí,
la única persona que ha llegado a tocar mi piel
y no se ha quedado a kilómetros
pensando que ya agarraba mi corazón.

Esa persona aún mata monstruos por mí, sí.

Es el resultado de mi demencia,
que constantemente duerme la razón en mi interior
y es contradictoria a la realidad.

Necesito de un pequeño gorrión
con alas de plata blanca,
al fin y al cabo,
imperceptible por la sociedad.

Es ese gorrión el que me da las alas
que a cada crepúsculo pierdo,
que las pesadillas me arracan
en una agonizante psicosis
cada vez que cierro los ojos.

Me he llegado a sentir como el ángel que afinaba pianos,
en silencio, solo con la mirada
y el más ardiente anhelo;
como si fuese a cambiar algo desde otra perspectiva,
como si mi mundo estuviese cambiando de eje de rotación,
como si el hidalgo de La Mancha no fuese tan ficticio.

A día de hoy sigo sientiendo
y he dejado de ser quien soy
o, al menos, quien creía ser.

Veo dedos de brasas señalando mi costado,
como si pidieran una lanza agria
para llorar sangre y agua
fría,
como si quisiesen ahorcar una lágrima
en una frágil pestaña.

También siento ese fuego que estalla en mis entrañas,
ese ralámpago de hielo que cubre mi espalda,
ese torbellino de angustia y terror.
Siento la necesidad se verla,
de pronunciar la palabra
que para unos
es condena
indecente.

Ser insensible me hacía rígido
y duro como una roca,
me hacía ser la montaña que parte la tierra,
me hacía ser la línea divisoria
entre la vida y la muerte.

Ahora, que mi reflejo es el único insensible
siendo mi vida sensible al otro lado,
creo que estoy muerto
y he caído en el peor de los infiernos.

Desde que siento veo la muerte en cada esquina,
en cada suspiro,
en cada petacho,
en cada brecha,
en cada precipicio,
en cada mirada…
Veo la muerte en todas las personas
que se dignan a mirarme,
veo como el tiempo desgarra su piel,
a cada segundo,
a cada minuto,
a cada hora,
a cada día.

Veo la ausencia rodearme,
abrazarme como un estremecedor vacío,
acariciarme el pecho para sacarme el alma
sin sentir dolor,
solamente siendo olvido;
como un bálsamo,
como una salida de emergencia
para no sufrir mientras mato en mi memoria
sin dejar caer llantos de tristeza,
como si en medio de una tormenta
abriese el paraguas,
cerrase los ojos
y me aislara de la lluvia
hasta su desaparación;
sí, una aunténtica crueldad
la que puede hacer el olvido.

Te recoge, besa, arraiga en tus ojos
y te dirige al mayor de los abismos,
la soledad de un cuerpo
con una herida entre las cejas
que nunca podrá cicatrizar.

Te deja en soledad, te vacía cada gota de alma
y de sangre negra rota.

La única libertad que tengo
es la de ser libre siendo preso
de mezquina presencia
en exaltante amor verdadero.

Desde que siento creo que es mejor no sentir
para labrar una vida en el calendario,
mantenerse ajeno con una mirada firme
y un destino inflexible e inalterable,
con un impasible rayo
partiendo mi rostro en esperanza y desesperanza,
con un inalterable yugo
que me esclaviza a ser yo y nadie más que yo,
sin monstruos que matar pero, mientras sienta o simplemente viva,
yo seré el que mataré monstruos por ti.

Por: Jesús Pacheco Pérez (España)

instagram.com/jesuspachecoperez


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Un comentario Agrega el tuyo

  1. Marisa dice:

    Muy bonito. Enhorabuena

    Me gusta

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