Uno para dos y dos para uno

—Fredo, ¿qué pensás hacer con todo esto?

—Está bravo, Gonza. No sé, macho, son muchas cosas todas juntas. Como que… qué se yo… Quiero saber ya mismo todo lo que preciso saber, para poder hacer todo lo que quiero hacer. Me muero de ganas… pero no quiero que me pase nada de todo eso horrible que me dijo el viejo, y quién sabe cuántas cosas más que te podrán pasar —la voz de Fredo no era de miedo, sino de decepción, aunque con un dejo de determinación.

—Vos hablá con los que saben. Seguí hablando con tu padre…

—Ya le volveré a hablar cuando se enfríe más esto. Anoche estaba muy caliente conmigo. Mal. Ah, atajate esto. Después que terminó de decirme de todo, me dejó solo, pensando. Me dijo que no tocara ni la tele, ni la play, ni el celular. Que tenía que pensar.

—Te bajó el acelere.

—Antes de cenar, fui a pedirle perdón, pero me frenó.

—¿Eh?

—Le pregunté si no le servía mi disculpa, y me contestó: “Me sirve que escuches, que seas atento, que te CUIDES, sobre todo eso. En la vida tenés que saber cuidarte solo para todo. A mí nadie me sacó las castañas del fuego, yo no te las voy a andar sacando a vos. Si querés ser hombre para darle a alguna, vas a tener que ser hombre para todo, te guste o no te guste. Hacete hombre. Y si tiene que doler, que te duela”.

—¡Pah! No es fácil, crecer así…

Fredo le sonrió, ya más tranquilo. Después de todo, también era canchero. Recostado en la baranda del balcón, siguió.

—Pibe, ya que lo pienso bien. A vos no te está pasando esto, todavía. Quiero que me cuentes cuando te empiece a pasar, ¿eh? Vos sí que siempre me sacaste las castañas del fuego. Si en algo te puedo ayudar yo, decime. Yo… paaaah… no me reventé por poco. No quiero que te revientes vos.

—Vos tranqui. Como dice tu padre, primero aprendé a cuidarte. Y ya de paso, lo que aprendas, contame a mí también —le guiñó un ojo—. Hay cosas que yo, ahora, no te puedo ayudar. Porque además, mirate lo que sos, cheee… Altísimo, flaco, quemado, facha, ropa de marca, championes nuevos, celular, aprendiste a besar, conociste muchas minitas…

—Te digo una cosa: no sé si podré salir todos los viernes y sábados, va a estar pesado eso. El viejo me va a vivir frenando, ahora no me va a largar ni un mango, pero igual —Fredo se irguió en toda su estatura y habló con ganas—. La noche de Montevideo, la quiero conocer. La VOY a conocer. Y si para eso tengo que aprender a cuidarme solo, ¡voy a aprender!


Extracto de Once relatos del juego de la vida, de próxima aparición.

Por: Fabio Descalzi (Uruguay)

blogdefabio.com


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