Entre las rendijas de esta habitación
se reflejan los ecos de luz del sol
pareciendo que está cerca igual que tú.
Asomo al balcón y veo gente pasar
ruido y silencio al mismo tiempo,
soledad y el abismo que anda despierto.
Mi café corto de todas las mañanas
y la imaginación de tus besos
como desayuno que nunca faltan.
Ducha fría y camisa blanca,
zapatos nuevos y poca esperanza,
abrazo a la rutina cual compañera.
Mi bicicleta como medio de transporte,
quince minutos de paisaje,
la melancolía siempre me evade
con el olor del jardín recién cortado.
Qué bonitas las gotas del rocío,
las hojas en el suelo
y el lago de fondo,
tan sólo faltas tú.
Montón de papeles en mi mesa,
mi segundo café
y tu foto adornando la pena.
Se acaba la jornada
y como tú acostumbraste
regalo cada tarde para los dos.
Mis futuros recuerdos
serán los que me has dado.
Antes de dormir te mando un te quiero,
te echo de menos,
sigues siendo la estrella más bonita que hay, cielo.
Por: Raúl Zambrano (España)
deunalmaotra.es
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