Trapecistas

Se deslizaban entre la seda con la finura exacta, tocaban los puntos a cabalidad logrando el arco definitivo que provocaba un estruendo en las telas.

Dos trapecistas cayendo al trampolín de las caricias sobre el vendaje de la piel.

Y sonaba un piano dulce, armonizando ambos cuerpos que iban floreciendo en un jardín.

Ambas se hundían en un solo ombligo y bailaban; ellas revoloteaban entre las cortinas y se escondían y se encontraban. Eran dos figuras de terciopelo que se acariciaban dulcemente el alma en un acorde de piano.

Se cayeron las estrellas en la cuna de dos ninfas que se acurrucan entre las sábanas rojas de un vals compartido.

La noche se calló por un gran letargo, se quedó atónita y sin fraseo frente a la altivez de dos hadas que con trapos enredaron el nudo más libre jamás amarrado.

Porque las trapecistas se entrelazaban y una rosa en el cielo florecía.

Porque las trapecistas se amarraban y la luna enmudecía.

Por:  L’Amoureuse (Colombia)

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