He pensado en ti…

He pensado mucho en ti en estos meses: en tu pelo rizo enmarañado entre mis dedos mientras dejábamos la vida pasar, en tus brazos rodeando mi cuerpo cuando me abrazabas de repente por detrás y en la complicidad que nos ataba cada vez que tus profundos ojos se cruzaban con los míos, dibujando casi inmediatamente en nuestros rostros una sonrisa coqueta y misteriosa. La típica sonrisa de los amantes que juegan en las sombras sin saber amar.

En mis ratos libres me he preguntado qué habría pasado si nuestra aventura romántica hubiera pasado a mayores, ¿sería yo la mujer que hubiera realizado el milagro de retenerte? ¿Aquella a la que le jurarías amor eterno? No, imposible. Tú eres un alma libre que vaga por el mundo en busca de experiencias ilimitadas, y yo tengo un camino trazado, con tiempos límites muy específicos y pocas veces me detengo a ojear los parajes que se encuentran alrededor.

Fuimos una de esas consecuencias del azar que solo se dan una vez en la vida, motivadas por la curiosidad y el deseo de carne fresca y escondidas tras una cortina inmensa de negación, porque era más sencillo vernos sin que nadie nos juzgara y ocultar entre copas nuestra identidad. Lo único importante era que nuestros cuerpos colapsaran uno contra el otro en algún motel hasta que nos sorprendiera el día y mi alarma sonara irritante haciéndonos despertar.

Eras lo que le faltaba a mi rutina de madre soltera para que se volviera interesante. El chico perfecto para sacar de mi vida el estrés laboral, los hijos, el poco tiempo de vivir que me permitía en ese entonces. Contigo recordé lo que se siente el placer sin compromiso, ponerse linda para salir, cuidarse el cuerpo y refrescar la mente de las preocupaciones que la ahogan. He tenido otros amantes después de ti, pero ninguno ha sido tan irreverente, tan atrevido, ni tan joven.

Comprendí que la diferencia de edad era un problema en la relación desde el principio, más por el hecho de no compartir prioridades que por la afinidad de temas que podríamos intercambiar. La manera en que ambos enfrentábamos la cotidianidad y las responsabilidades que teníamos eran diferentes: tus ideales estaban aún demasiado tiernos para enfrentarse al mundo real y los míos estaban corrompidos por las experiencias del pasado y los sorbos de agua salada que me ha tocado tragar. Se podría decir que tu corazón era más puro y rebelde, como el mío lo fue antaño.

Me pregunto si sigues siendo aquel muchacho que se entregaba por entero en un beso, que no tenía miedo al futuro y soñaba con remediar por su cuenta esta fatídica sociedad o si habrás cambiado tu increíble chispa por una armadura como yo lo hice cuando me desilusioné en el amor. ¿Habré sido yo la única mujer mayor que te ha hecho caso? ¿Te darás cuenta algún día que nunca encontrarás al alguien como yo?

Quizás si no hubieras sido el hijo de mi jefe, si nos hubiéramos conocido en otras circunstancias menos comprometedoras, nuestro romance aún seguiría fluyendo y yo no estaría aquí sentada mientras se enfría mi café pensando en las vicisitudes que podría tener tu vida, en las desgracias y alegrías que han aparecido en la mía después que llegaste a mí.

Estoy segura tú también me recuerdas, cuando tienes tiempo para pensar en viejos amantes, aunque no estoy del todo clara de cómo será para ti ese asalto a la memoria: dulce por las noches fantásticas que pasábamos juntos o amargo porque eras claramente un juguete para mí.  El tiempo sigue pasando y aún hay una sola interrogante que no me queda del todo clara, pues supiste esconder casi todas las señales que pudieran llevarme a esa conclusión casi hasta el final… Si estuvieras aquí, te juro que te preguntaría si te enamoraste de mí.

 

Por: Tintazul21 (República Dominicana)

palabrasdetodoynada.wordpress.com


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