Ya sea caminando por la Angostura, o subiendo al Cerro de La Escusa;
ya sea dejándome llevar por la carretera franqueada por los árboles;
o únicamente, asomándome a la ventana…
Mi mirada quiere ser tú,
Pero solo ella… es posibilidad.
Tu presencia acaricia;
invisible, posas tu no-cuerpo;
en silencio cubres con tu no-voz.
Únicamente eres un roce
abstracto y real,
sin contexto y duradero.
Robas destellos, en ocasiones verdes,
y a veces de fuego.
Mis ojos te persiguen,
y tratan de alcanzarte.
Alargo hacia ti los dedos de mi visión.
Nada…
Me conformo con verte…
apoderándote de tanta vida,
estática y en infinito cambio.
Observas su crecimiento cada día
con paciencia inalterable.
Conquistas las cumbres,
desciendes pausadamente,
presenciando aquellas hojas,
viviendo esas cortezas,
robando las frías piedras.
Todo cubierto.
Todo tú apoyado (y apoyada).
Mis ojos anhelan apresarte:
pretendo tocar como tú haces,
callar con tu figura etérea.
Yo también te rozo
cuando te sostienes sobre mí.
Me das tus brillos.
Te aferras a mi piel
con tu cálida caricia.
Aquí, eres único.
Tú, sola (y aún solo).
Me deslizo entre las rocas grises,
moteadas de pizcas negras,
y me encuentras.
Sigues mis pasos
con mirada ciega traspasando
el tejado de los castaños o robles.
Quiero ser tú…
y permanecer sobre ellos.



Replica a Elvira Lorenzo López Cancelar la respuesta