Libera ya mi corazón de tu pecho.
Déjalo salir.
Deja que busque calor en otras manos, en otros besos.
Deja que vuele.
Que vuele lejos
Lejos de tu cuerpo, de su templo.
Que deje de creer en ti y en el milagro que espera
y jamás llegará de tu mano.
Que abra los ojos al dios pagano que idolatró tantos años.
Que olvide cuando en sus plegarías suplicaba por un beso.
Haciendo mundano el deseo.
Descendiendo al infierno de manos de tu desprecio.
Que haga de otra boca su religión.
Sin más pecados capitales que la lujuria.
Con solo un mandamiento,
amarse hasta ver el cielo a la altura de la almohada.
Con una única oración en forma de caricias,
que repetir hasta memorizar.
Sin penitencias.
Sin miedos.
Con devoción.




Replica a joselarafuentes Cancelar la respuesta