Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Luna Caótica (Colombia)

Ratorcida

Papá, siento que ellos oyen mis ideas, los vivos. Apuesto a que se robarán todos mis globos, pero…  ¿tú me darás más, verdad?

Estoy cansada de oírlos…, a los muertos, solo hago lo que me dijiste, pero nunca me cansaré de escucharte a ti.

En las noches me arropo, y ella acaricia mi cobija, quiere que piense que me ama, pero solo quiere llevarme para poder volver aquí.

 

El ruido de un choque me ha asustado esta tarde, salí corriendo, pero a tan solo unos pasos el psicólogo me tomó por los brazos y me cargó en sus hombros. Ya no quiero vivir con Adolfo, en mi cumpleaños escaparé hacia ti.

 

Erzsébet, la rata que me diste hace treinta y seis años, quiso comerse a sus hijos, luego se bañó en el charco de sangre que dejaba. Cuando la descubrió, Adolfo la mató con un bate, y me dijo que no podías haberme dado esa “horrible rata hace treinta y seis años” porque solo tengo dieciséis. Me sentí triste porque ya no tenía mi rata, pero cuando se hizo de noche salí por la ventana, ella estaba afuera, lista para entrar a acariciar mi cobija, a convencerme de que me ama, entonces corrí; fui a la cueva de los ciervos y tomé la rata que habías dejado allí para mí, sabía que ibas a hacerlo, sé que siempre puedo confiar en ti.

 

Me duelen mucho las jeringas en mis brazos, y esos cables que conectan a mis sienes, ellos me lastiman mucho.

Adolfo le dijo a una mujer vestida de bata que soy excepcional. Pensé en mamá; ella solía decirte eso, es por ello que te mató, con el mismo bate con el que Adolfo mató a Erzsébet; mamá quería robarme de ti. También le dijo que desearía que no hubiera habido efectos secundarios. ¿Qué me hacen?

La noche que salimos de viaje a casa del abuelo, dos días antes de la navidad, ella se enfadó conmigo porque mis fuerzas no son tantas como mi inteligencia, dijo. El auto se averió y eso la puso peor, explotó todos mis globos. Me enfurecí; la tiré al acantilado que estaba cerca de la carretera en donde nos varamos, tres días después de enterrarte. No creo que fuera a llevarme a casa del abuelo, al tener su dinero en las manos no era necesario ese viaje, solo debía entregarme.

Aquí me lastiman, sus agujas me chuzan, como mamá a mis globos.

Adolfo llegó a buscarme en la mañana siguiente, llamó a unos policías y me asomé al barranco; «sí soy fuerte» pensé mirándola en un charco de sangre como el que dejaba Erzsébet con sus hijos.

A las veintidós horas todos están dormidos, así que no me escuchan.

He llamado Weber a mi nueva rata, pero explotó uno de mis globos con sus dientes. La acusé con Adolfo, le dije que ella apareció simplemente en mi habitación y que explotó mi globo, me dio otro, de color violeta, en recompensa por decírselo. Fue muy sencillo deshacerme de ella.

No saben que me escuchan, papá, pero me cuidan muy bien aunque me hacen daño, me cuidan para que yo sea su rata. Pero mi cabellera es negra, y no soy de pelaje blanco.

En siete de marzo escaparé a ti, pero…, yo no muero.

Ven a mí. Estoy desnuda… Arrópame, tengo frío. Soy un saco de piel sobre un alambre.

 

Nota del escritor:

Perderás la cabeza si intentas entenderlo.

16

Anuncios

2 comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.