XLV

Somos el sueño realizado del mismo génesis,de distinta forma.Seguimos el riel hasta el final,mas nos encontramos en la bifurcada.Por eso estamos,por eso somos,por eso respiramos en la cama,por eso me revuelco hoy en la almohada.Porque la viga no se desploma como lo haría la vidasi la verdad salieray la muerte es la mentira lentade esteSigue leyendo «XLV»

Corrosivo viento que lleva al norte

Corrosivo viento que lleva al norte,¿a dónde vas?Si cuando te hablo no me escuchasy cuando te toco no me sientes,le resultas intransigenteal alma de las hojas muertas.Corrosivo viento que lleva al norte,¿por qué te alejas del árbol de las hojas muertas?Tu color obcecado de caminar lejoste matará algún día,corrosivo viento que lleva al norte.Cuando elSigue leyendo «Corrosivo viento que lleva al norte»

De libro

Si me convierto en tigre, si me hago cielo, si las arañas me comen y sucumbo. Si la lava me cubre, y los rostros emanan tristeza, lujuria, arden las almas en completa calma. Si la tormenta me abraza, y los deseos se deshacen, y nacen y comen, y corroen y sueñan, y parlan y lloran,Sigue leyendo «De libro»

El tiempo

Me voy a hundir en la penumbra. Hoy me acobardan los pensamientos en el mar del anochecer. Me voy a hundir, me estoy hundiendo en la desesperación. Me estoy perdiendo en el olvido. Me estoy ahogando en medio del ocio y la música, de las noches tristes y solitarias. La oscuridad me abraza y luegoSigue leyendo «El tiempo»

Pasos de rama seca

Contar pasosque no se dan.Pasos muertos de la noche.Pueden volverse a hacersi caminas mil vecespor el mismo sitio.Contar los pasos del sinolvido.Recurrir al olor,a la presencia del día de la muerte,olvidar que revives el siguiente día, y el siguiente, y el siguiente,hasta volver a morir.Anhelando pronto morirun día. Recurrir a la poesía,a la música delSigue leyendo «Pasos de rama seca»

No basta

Tiembla un par de manos en la densidad de la luz. Palpita un corazón humano tan fuerte que mueve el cuerpo, igual que mueve al mar la suavidad del viento. No basta para el hombre la felicidad, porque esa frágil ficción se agota en correspondencia con el tiempo, y las montañas pesadas de la existenciaSigue leyendo «No basta»

Pertenencia

Pasos cadenciosos y desaliñados llenan la noche. La gente pasea en rebaño, y una dama solitaria sentada con los pensamientos aislados. Ve por la dama, Muerte, pero camina lento. Ve por ella, que, aunque tiene sueños, vos sos uno de esos, pero el más lejano. La hierba se recuesta en el umbral de las fuertesSigue leyendo «Pertenencia»

Arde mi halo

Tengo un agujero en el alma lleno de ramas, quemándose desde adentro. Veo el fuego germinar azul, es el más fuerte, y quema, quema. Primero quemó las hojas, las ramas ardieron después. Está helado el fuego. Tengo un agujero en el alma ardiendo a borbotones, y le echaré más ramas, que arda, ¡que arda!, queSigue leyendo «Arde mi halo»

Piedra

Tengo ganas de encarnizarme en el río, de que mis huesos furtivos conozcan el desagravio, que se fragmente mi espalda en un temor lozano, que colisionen en frases los árboles del monte. Tengo ganas de sacar mi alma a flote, de otear las mareas en rebote con las piedras, que con desnudez acarician las mantasSigue leyendo «Piedra»

Inquietud de media noche

La voz de alado que ronca estremece las entrañas. Tres de la mañana, los ojos abiertos en par y el vacío, el vacío de la oscuridad. ¿Qué hay más allá de la muerte?, ronda mi mente con gran calamidad. Qué inquieta mente, que piensa constantemente en qué hay más allá de la muerte. ¿Qué hay?Sigue leyendo «Inquietud de media noche»

El perro que quería volar

Las cuatro patas corrían, como al galope y sin parar, de un perro grande que osaba retar a la gravedad, porque su madre le había dicho que se podía volar siempre y cuando se quisiera de verdad. El perro se convenció de ello un mes después de que su madre muriera. El perro quería, era suSigue leyendo «El perro que quería volar»

Un poquito de poesía

Un poquito de poesía para las noches vacías, para las noches de invierno, ¡o hasta de verano!, En la desnudez que el calor provoca, en esta o en la otra parte del mundo, viendo la noche y el día a la misma hora, los ojos del humano, que se cree diferente al otro, que seSigue leyendo «Un poquito de poesía»

Última carta al viento

Finalmente,cráneo abierto, ojos cerrados.Escucho el silencio del disparoque me ha dejado tirada en el suelo.El pasto mojado anochece.Miro nublado, perono volverán a llover mis pupilas. He vivido sola,he comido sola,he dormido sola,y…he muerto sola,pero les juro que no fue la soledadla que hizo del jardín mi pedestal. Me he podrido viva,porque no he podido yaSigue leyendo «Última carta al viento»

Barba azul

1404, en el castillo Champtocé, la pesadilla iba a comenzar; era el hijo de Guy de Rais, quien Barba Azul se haría llamar. La miel del dulce pequeño la robaría Jean de Craon, luego de que él y el pequeño hermano huérfanos hubiesen quedado. Bajo la custodia del oscuro abuelo Guilles mal aprenderá, que siSigue leyendo «Barba azul»

Exequias

Hace frío, pero no me tiemblan las manos ni me castañean los dientes, ni se me abren los ojos, y no me suda la frente. Hace frío, pero no siento nada, no tengo odio ni cariño, es el precio de vivir a tientas esta vida que ha sido fiada. Hace frío, y no me puedoSigue leyendo «Exequias»

Catalina

En las noches de invierno, tan tímida y tan callada, siempre está Catalina recostada sobre su cama. A ella siempre le atraían la sangre y las cucarachas; las miraba con ternura y entre sus manos las tomaba. Gustaba de cargar sapos; a la gente no soportaba. Detrás de su tierna sonrisa su verdadero mal ocultaba.Sigue leyendo «Catalina»

Homorte

¿Vos qué querés, caprichosa muerte?, que caminás hacia mí erguida y desafiante. Hablame con lengua de falta, mirame atezado a los ojos con tus agujeros de calvo cráneo, de pupilas desraizadas por los abrojos. Por ahí deambulás de negro, con varios cuerpos descuartizados, vos le echás la culpa a la guerra, si has sido quienSigue leyendo «Homorte»

Vena añil

Han venido a por mí, me llevarán sin más ni resistencia. Cantos, cantos, oigo voces. Son cuervos implorando perdón. Venid a salvarme; el cuerpo me arde. Mis gritos silencian el coro en el cementerio. Espera de regalo mi voz, y de cadena mis venas. Muerte, suena el alba, mi aura se ennegrece. Libertad, claman misSigue leyendo «Vena añil»

Cenizas de abracadabra

.Se oyen canciones entre las llamas ardientes. Entran los cuervos, zig, zeg, zeg, insaciables en el juego que los vuelve tuertos. Quieren carne de la dama atada al tronco. El esqueleto grita llorando martirio; se calcinan las rocas, se pudre la piel. Suicidio falaz, oportuno homicidio. Los clérigos cantan de júbilo, y bailan alrededor conSigue leyendo «Cenizas de abracadabra»

Torvo (I Parte)

Jhon se quitó la chaqueta y se recostó en el sofá, se retiró los zapatos descuidadamente, dejando a la vista el dedo gordo del pie que sobresalía del roto en su calcetín. Alcanzó su maletín y sacó el libro que había comprado esa misma tarde al anciano de siempre. Ninguno de los libros en suSigue leyendo «Torvo (I Parte)»

Soñé

Soñé que escribía en medio de las sombras, en la oscuridad de un invierno de octubre, cuando deberíamos estar en un otoño impregante. Soñé que un poema brotaba de mi cabeza, y que las llagas de las flores ardían en mí, que de los pétalos nacía un rojo carmesí con aroma a vómito. Soñé… LasSigue leyendo «Soñé»

Ama cuatrera de desdicha

Esa dulce y forajida mirada clamante en su rostro, tanto como el vino que la acompaña, está muerta en susurros que el viento no escuchó. Esos son los labios del deseo impuro, esos atrevidos labios que se asemejan a la luna por su libertinaje y se pierden en la sensualidad de la indecencia en laSigue leyendo «Ama cuatrera de desdicha»

Menguante

La Luna nombró al viento como guía para buscar un planeta que acompañar. La Tierra se le hizo bella, y decidió abrazarla, y se abrió cráteres para imitar sus volcanes, y se hizo óvalo para copiar su forma, y la persiguió como un perro detrás de su cola. Pero, cinco de la mañana, cantó unSigue leyendo «Menguante»

Recital en el averno: la trampa de Dios

El Señor fue buen jugador. Fueron fichas como de ajedrez, y los pájaros de barro no volaron. Escondido tras las buenas almas estaba al que llaman diablo. Prediquen, prediquen, hijos míos, decía alto el de cara roja. Rieguen mi palabra y no cometan pecado, mientras yo les pongo el pecado a los ojos. Paguen susSigue leyendo «Recital en el averno: la trampa de Dios»

Recital en el averno: la fábrica

El ambiente está caliente; la atmósfera nos quema los pulmones. Las cadenas pegadas al suelo. El hombre es duro con los huéspedes. Hemos jugado y fue divertido, pero los puñetazos hacen el sudor gotear. No hay cuchillos ni hachas, y la sangre corre en ríos de lava. El señor sin trono nos azota, y noSigue leyendo «Recital en el averno: la fábrica»

Inconsciencia consciente

Hacía ya mucho desde que Samanta no transitaba por esa desolada carretera (o al menos eso sentía ella) perdida tras las montañas. Las ramas sobresalientes de los árboles rozaban bruscamente las ventanas de su auto de color rojo debido a los 90 km/h que llevaba. La velocidad para manejar la destacaba desde los catorce años,Sigue leyendo «Inconsciencia consciente»

Ratorcida

Papá, siento que los vivos oyen mis ideas. Apuesto a que se robarán todos mis globos, pero… tú me darás más, ¿verdad? Estoy cansada de oírlos…, los muertos, solo hago lo que me dijiste, pero nunca me cansaré de escucharte. En las noches me arropo, y ella acaricia mi cobija, quiere que piense que meSigue leyendo «Ratorcida»

El Petiso Orejudo

¡Mamá, mamá!, que es que ya viene el Petiso, de siete años llevó a Miguel hasta un baldío, las espinas le han mordido, y a Ana Neri con una piedra en los sentidos. Se hizo un edificio sobre Rosa, encima de la zanja de donde no salieron gritos, fue el Petiso, mamá, solo sus grandesSigue leyendo «El Petiso Orejudo»

Mesurada Nereida

Neptuno me observa desde la pálida superficie de Tritón, decepcionándose de cada pedazo de herida latente en mí, vociferando mi desecho a las sirenas en un rincón de mis pensamientos, mientras yo, convertida en desilusión,  plaño lágrimas en fragmentos y ensucio pañuelos que se tiñen de corinto. Huele a melancolía; se escucha llanto en elSigue leyendo «Mesurada Nereida»