Tengo un nudo en la garganta
desde que mi casa se volvió un jodido cementerio
porque tú rompiste la idea
de que ibas a quedarte.
Aún sigo pensando en todas aquellas veces que me sentí vuelta
y pensaba que tenía el suficiente valor
para conseguir que te quedaras.
Y es que hay veces que por mucho que intentes
se rompe la intención.
Aprendí a ver como todo se volvía hielo,
como las ventanas no se abrían por miedo a que la casa se suicidara
cuando en realidad ya estaba rota de tanta soledad.
Y es que un cuerpo realmente se siente solo
cuando no hay nada que lo llene.
Aprendí que hay veces que es mejor dejar que llueva
antes que mojarte tú mismo
y ahogarte.


Deja un comentario