Cuentos/Relatos Dr. Asenjo (México) Escritores de Letras & Poesía

Theos

  1. Todo existe, y todo es real simultáneamente; pero los humanos no lo saben.
  2. Puesto que todo es real, lo lógico y lo ilógico son no solamente estados, sino realidades tangibles y verdaderas.
  3. Los humanos, en su mayoría, han sobrevalorado a lo lógico por encima de lo ilógico, convirtiéndolo prácticamente en su único medio para el conocimiento. Por lo tanto, no conocen al Absoluto en su totalidad.
  4. Cada vez más, el ser humano se ha ido distanciando de lo ilógico, nublando su visión.
  5. Hoy, el ser humano se aproxima al Absoluto. Pero lo busca por medios lógicos, contrarios a la ilógica; por lo tanto, se acerca y se aleja al mismo tiempo, en un mismo sentido. Sigue cegado por la Razón radical.
  6. El ser humano llegará al Absoluto: es su destino. Pero tampoco llegará al Absoluto, pues también es su destino.
  7. El Absoluto lo es todo, y al serlo todo, no es nada.
  8. El Absoluto siempre está cambiando. Por lo tanto, nunca es igual; pero siempre es igual.
  9. El Absoluto es el ser y el no-ser, el antecedente y el consecuente, al mismo tiempo y por separado.
  10. El Absoluto es el humano, y no es el humano. El humano no lo conoce, pero lo conoce. Lo está buscando y no lo busca, lo va a encontrar y no va a hacerlo. El humano es y no es, pues solamente existe en el Absoluto y fuera de él.

Y así, la temporalidad que gobierna al universo se había separado de la Soyuz-211. Esta sopa de espacio, tiempo y materia disuelta en un caldo de energía negativa era el Fin del Universo, en donde estaba Dios. La nave había cesado de existir junto con sus pasajeros, y los astronautas se encontraron en las condiciones idóneas para conocer a Dios; pero lo que ellos buscaban era un arma. Tal vez en Él podrían encontrar una lo suficientemente fuerte para acabar con los Americanos. En vez de eso, descubrirían el poder más destructivo en todo el Universo: el Absoluto.

La esencia negativa de lo que alguna vez fue Olga poco a poco se separó de sus compañeros, que ya estaban tan muertos como ella. La efigie de Vladimir Lenin que estaba impresa en la coraza de la nave ocupó todo lo que cabe en lo sensible, hasta que sus sentidos solamente pudieron percibir esta imagen. El glorioso rostro del padre de la URSS pasó por distintas fases de conversión. Primero, fue todo para Olga; después fue nada. Finalmente, fue y no fue todo y nada. Para este punto, es imposible describir con absoluta precisión lo que percibió Olga. Se necesitaría de un lenguaje mucho más avanzado para encapsular adecuadamente lo acontecido que, en realidad, aún acontece y siempre va a acontecer mientras que nunca acontece. Solamente me queda la opción de dar una descripción imprecisa de los hechos; la descripción que debe y no debe darse cuando se describe al Absoluto, del cual conozco y desconozco.

La percepción limitada de Olga se había perdido con su cuerpo, el cual había sufrido de muerte cerebral por hiperoxigenación. Era para ella un nuevo nacer el haber entrado al Absoluto; aunque siempre estuvo dentro. Olga retorcía las extremidades de su esencia no-esencia tal como un bebé recién llegado al mundo que, no comprendiendo lo que sucede a su alrededor ni la causa de su sufrimiento, buscando salirse de la situación extremadamente desagradable en la que se encontraba. Mientras tanto, sus impulsos transmigran de ella y se convierten en un ser independiente e ignoto, del cual Olga inmediatamente se desentiende. Pero este, estando en el Absoluto, inevitablemente sigue constituyendo parte de ella.

Y entró el súbito orden. De pronto, estaba de nuevo en su cuerpo, aunque emocionalmente inerte. Se encontraba en una estructura sumamente extraña. Las paredes se flexionaban, pasando de ser piso, a pared, a techo, y de nuevo piso. Sin embargo, esta no tenía la forma de espiral: era un cuadrado perfecto y a la vez continuo, sin aristas. Todo en una misma pared. Columnas altas se estiraban desde esta pared rotatoria, obstruyendo el paso. Sorprendentemente, se podía cruzar sin problemas, cosa que Olga hizo.

Larga fue la caminada. ¿O lo fue instantánea? Pensó en el mundo que había dejado atrás. Solo pensarlo lo había traído de vuelta a la realidad. ¿Había terminado? ¿Viajó al espacio? ¿Cuándo?

Siempre viajó, y nunca lo hizo. La disonancia cognitiva no dejaba de atormentarle. ¿Qué hacia ella parada en Rusia, si estaba en busca del arma más poderosa del Universo? Recuerda haber despegado. Recuerda perfectamente todo lo sucedido. ¿Y qué le pasó a sus emociones? Estaban con ella ¿No se habían ido?

Pensó un poco más. Pensó en el mundo que había dejado atrás. El mundo en el que siempre y nunca vivió: el mundo del Absoluto. Pensó en sus compañeros, que seguramente seguían atrapados en ese mundo. Pero, ¿No siempre lo estuvieron? ¿Nunca lo estuvieron?

Lo acontecido después es imposible de describir.

¿Se había ido? ¿O seguía ella en el Absoluto? Y cuando entró ella ¿Entramos todos? ¿O será que todos estamos adentro?

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