Cuentos/Relatos Dr. Asenjo (México) Escritores de Letras & Poesía

Alebrije

Sentado en su silla mecedora, mientras tomaba un café frente al tranquilo amanecer, el Sr. Lope se percató de que le habían vuelto a salir sus alas de águila multicolor. Pronto sus pies se volvieron garras de puma, y sabía que todo estaba por terminar: los efectos del peyote comenzaban a perderse.

Antes de que terminara la transformación y regresara del ensueño, corrió a buscar a su esposa. Rápidamente descendió las escaleras, viendo como sus alrededores se transformaban en el mundo onírico en el que vivía antes de tomar el alucinógeno. Tropezó violentamente, y sus manos de hombre se hicieron patas de roedor.

Con sus ojos—ya no de hombre, sino de reptil—la buscaba por todos lados. La vio agitándose de un lado al otro, asustada frente a la desintegración de la casa. Era algo verdaderamente inimaginable; no la caída de la alucinación, sino que su esposa, siendo también una imagen inexistente, comprendiera lo que sucedía. Esto solamente hacía de la tragedia un horror aún mayor.

Su mujer le miró, proyectando un terror inefable desde sus pupilas. “¡SOY YO! ¡SOY YO!” gritó el Sr. Lope. Solamente gracias a su voz pudo reconocerle su esposa. Sabiendo que quedaba poco tiempo, el pobre hombre, ya convertido en un adefesio, se acercó a su señora. Con una de sus manos—patas, mejor dicho—le recorrió la mejilla, con la otra la cintura, y se le acercó para darle un último beso. Pero esta, repugnada por su hocico de cocodrilo, su piel desdibujada por colores desagradables, y por todas sus demás deformidades, agitó el rostro en un gesto de rechazo. Y así, en ese último instante, el Sr. Lope regresó al mundo de los alebrijes. Su esposa y su casa no podían verse por ninguna parte.

Pensó en tomar el peyote una vez más, mientras meditaba en algún lugar de aquel mundo de sinsentidos indescriptibles, habitado por criaturas como él. Pensaba que quizá esta vez se quedaría alucinando para siempre, o que al menos su esposa le querría hasta el final. Pero sabía que esas solamente eran vanas ideas.

 

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