Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Víctor Chamizo Sánchez (España)

Crímenes consentidos (tetralogía) Primavera – Machismo. Primera parte

Sobre el luminoso suelo del parque, yacía el cadáver de una mujer joven. Una enorme mancha roja nacía bajo el cuerpo y se extendía sobre el verde intenso de la hierba, hacia el exterior. La suave temperatura reinante había atraído infinidad de insectos que revoloteaban alrededor.

El inspector cruzó la banda de plástico de color amarillo que la policía había instalado en un radio aproximado de cinco metros y un enjambre de personas se agolpaba junto a ella, estirando el cuello, tratando de adivinar lo que sucedía. Preguntaban a los guardias, que respondían con sequedad y les invitaban a marcharse.

— ¿Han hecho fotos? —espetó a uno de los agentes.

—Sí, inspector, desde todos los ángulos.

—Bien, ¿cuánto tardarán el juez y el forense?

—Están de camino, inspector.

Apenas había pronunciado aquellas palabras, cuando en la distancia unos parpadeos azules inundaron la amplitud del espacio. Se escuchó el sonido sordo de la portezuela cuando encajó en su marco, y luego el sonido de un motor en la lejanía, y un nuevo destello de parpadeos azulados. Todo entre gran revuelo de gente, murmullos y cuchicheos.

—¿De qué se trata? —el juez hablaba con voz cansina, como si le molestase estar allí en ese momento.

—Parece un asesinato —indicó el inspector— pero hasta que no llegue el forense no podemos afirmar nada.

Un individuo grueso se acercó jadeando hacia donde se encontraban el inspector, el juez y los agentes.

—¿Qué ha sido esta vez? —inquirió, con la respiración entrecortada.

—Ahí tiene usted el cuerpo, es suyo ahora —dijo, tajante, el inspector.

— ¿Se ha peinado la zona? —inquirió el inspector.

—Sí, en todo el perímetro acordonado

—¿Algún testigo?

—Hay un par de personas que afirman haber escuchado una violenta discusión entre una mujer y un hombre. Luego, nada. Un hombre de mediana edad dio aviso del hallazgo del cuerpo.

—¿Solo eso?

—Solo eso, inspector.

El forense alzó los ojos, hacia donde se hallaban el inspector y el agente.

—Más de diez puñaladas, inspector —dijo, secándose el rostro con un pañuelo— el que lo ha hecho se ha ensañado brutalmente.

—¡Joder!, me figuro de qué se trata —el inspector pegó una patada a una pequeña piedra, que rodó hasta la banda de plástico que limitaba la zona.

(Continuará…)

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