Te has vuelto salvaje
porque no dejas de morder las heridas
sin hacer que desaparezcan.
Me has hecho vulnerable
porque ahora no sé dirigir mis pasos
sin provocar un tropiezo
que me haga temblar las decisiones.
Tú,
que de querer al final no quisiste nada
y que por culpa de la avaricia
no se rompió el saco,
sino nuestros corazones.
A ti,
que se te escurre la vida entre los dedos
porque aún no aprecias el tacto de la pólvora
que yacía en nuestras entrañas.
Ahora me refiero a mí,
por dejarte entrar en el corazón
a través de la palabra
y por creer en la magia
sin que hicieras ningún truco.
Por hacer de la poesía mi naufragio
y por permitirme saber
lo que es bombardear un corazón
sin necesidad de destruirlo.
A los dos,
por crearnos una misma revolución,
y por luchar al mismo tiempo
por ser uno
solo.


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