Cuentos/Relatos Elvira Lorenzo López (España) Escritores de Letras & Poesía

En unas horas… (I)

Había transcurrido una hora desde que el tren salió de la estación. Menos mal que había conseguido un billete para el primero que partía. No lograba conciliar el sueño, pero tampoco estaba nerviosa. Sí, la tensión esperaba ahí, pero la imposibilidad de hacer algo la sepultó. Únicamente podía leer las páginas del libro que llevaba, pues había quitado los datos del móvil: le quedaba poca batería.

Leyó, leyó, miró por la ventana, observó la cara que tuvo enfrente durante todo el trayecto hasta que la miró, y lo esquivó. Leyó, leyó. No era ella. Otra persona leía por ella, otro pensaba por ella, otro miraba por ella. Ella sólo era un cuerpo. Una tediosa indiferencia la rodeaba por momentos. Dormía con los ojos abiertos. Soñaba despierta.

El día había comenzado con una llamada, y el viaje inesperado con un whatsapp. Miraba el móvil de soslayo… ¿Me esperan más sorpresas? Espera un poco más, se decía a sí misma. El libro dejó de atraerle, pues resultaba denso para la ocasión. Lo cerró y cogió la botella de agua: ni siquiera tragaba ella el frescor del líquido. No estaba en ella.

Al fin, el traqueteo del tren y la dificultad para fijar la vista en algún elemento del paisaje hicieron que se sumergiera en un ligero letargo. Cerró los ojos… Yo que tú iría. Ante las noticias vagas, ésta fue la única seña a la que ella se había agarrado. Su amiga médico no estaba de guardia, pero contactó con un compañero suyo y le pidió algo de información “extraoficial”. Ella no había preguntado qué tenía o si era grave: no necesitaba saber más… Yo que tú iría…

Al principio no se alertaron. Un ingreso más… cada poco tiempo tenía un problema con la sonda, o enfermaba de neumonía, o… Simplemente, una vez más. La repetición de estos ingresos había provocado cierto endurecimiento en su capacidad de reaccionar. Esta vez sólo la habían llamado para realizar turnos entre dos hermanos suyos y ella. Su madre y su hermana con su familia habían viajado fuera del país a visitar a otro hijo. Sin embargo, ella también se encontraba fuera de la ciudad: no podían contar con ella.

La mañana continuó sin más preocupaciones. La habían advertido que no comentara nada a su madre: ¿para qué preocuparla cuando ya estarían de regreso al día siguiente? De este modo, terminaría de disfrutar de un viaje que hacía mucho, mucho tiempo que no realizaba por la salud de su marido. Pero a la hora de comer llegó un nuevo mensaje del mayor de los hermanos: “Está peor, le han empezado a poner morfina. Mamá ya lo sabe”. La morfina no la alarmó. Lo que sí le parecía indicio de gravedad era el hecho de que hubieran decidido llamar a su madre.

Trató de hablar con su hermano sin lograrlo. Llamó al otro, el mediano, que estaba en el hospital, y lo único que sacó de su interior fue que “si papá se muere, seguro que llegas para el entierro, así que no te preocupes”. Palabras duras que reflejaban su modo de sobrellevar la situación. Pero ella le conocía: intuía un sentimiento doloroso en su interior aunque lo escondiera. La relación entre ellos había sido tirante desde años antes de la enfermedad. En realidad… ocultaban un hecho que cada uno guardaba de diferente manera: en el caso de ella, un profundo desconocimiento de su padre. La enfermedad había comenzado siendo pequeña, y se formó una idea de la figura de su padre a partir de los recuerdos y comentarios de su madre, sus hermanos…; no siempre positivos. En ese instante se sentía desorientada: no sentía dolor, o lo que ella pensaba que debía sentir una hija en una situación similar ante su padre moribundo. Esa apatía se mezclaba con momentos de pena y preocupación, y una aparente indiferencia…

Decidió llamar a su madre, y tampoco: lo descolgó el hermano que vivía en aquel país y le contó que estaban comprando un billete para ella, pues se volvía en cuanto hubiese un vuelo. Y qué hago yo… Nadie le respondía. Lo que veas… En el fondo, ninguno de ellos pensaba que sería para tanto. La ausencia de la presencia de su padre ya se había aceptado… Este suceso descolocaba a cada uno. Y ella, la pequeña de la familia, se había acostumbrado a hacer caso a “órdenes” directas. No obstante, en aquel momento, ella decidía. Nadie podía hacerlo por ella.

11

Anuncios

2 comentarios

  1. Momentos angustiosos que tarde o temprano a todos nos toca vivir. Algo así viví en Marzo. Afortunadamente mi padre se recuperó milagrosamente y rápido, está casi normal.
    Te invito a leer la entrada “Timbre de Miradas” en Una Luz Más. entrada de Mayo.

    Abrazos.

    Le gusta a 2 personas

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.