Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Verácida (España)

Naftalina, un capítulo en la vida de Charlie Stoner

El sonido seco que quebró la armonía de la sala, procedía de la mandíbula desencajada de Charlie Stoner. En cierta medida era un estado habitual de su articulación temporomandibular.

Estaba sentada, maniatada y sin posibilidad de usar su magia. Un escenario propicio de un buen titular de periódico sin se añadía el hecho de que había sido necesario 10 personas para atraparla. Nueve hombres y una mujer, ¿quién era peor? Ella, ¿porqué? Porque sabía como torturar y castigar la psique. En cambio, los hombres solo entendían de golpes y sangre a borbotones.

Justo cuando empezaba a sentir que sus extremidades inferiores no le obedecían, empezó a cuestionarse qué habría podido hacer para cabrear tanto a aquellos tipos y decidió hacer una lista de repaso:

-Profanar el mausoleo familiar para robarles el lapislázuli a su difunta madre.
-Provocar el aborto del hijo de su hermana pequeña, en la última fiesta elitista de la familia con el fin de crear una distracción lo suficientemente buena como para robarles un libro de magia.
-Prometerme con su hermano mediano para así poder robar el guardapelo familiar.

A juicio de Stoner, el drama no era para tanto teniendo en cuenta de que habitualmente su CV era muchísimo peor.

-Querida Céline, te has tomado enserio regalarme la cirugía facial por lo que veo. Todo un detalle, como siempre tan atenta con los demás.-

-Después de cinco horas, ¿de verdad que no sabes qué pasa?

Stoner, rememora para sus adentros todos y cada uno de los cargos por lo que se la podría acusar. Encoge sus hombros y pone su mejor cara angelical.

-¡Oh Céline! Sabes perfectamente que siempre he tenido problemas para modular mi comportamiento, ¿podrías refrescarme la memoria?

La mujer enloquece y le estampa un libro en la cara, aturdida Stoner logra lee el título: “Candidatos a las oposiciones del cuerpo de seguridad mágica”
. Charlie pestañea incrédula, ¿de verdad aquella mujer había montado todo eso, simplemente porque había una sola plaza para entrar y ella iba segunda? Efectivamente, ¿lo mejor? Stoner se lo olía y había estado esperando para este momento.
-¡Ah , sí eso! Ese detalle, sí. A ver, podrías matarme o dejarme impedida. Sería una opción que incluso parte de la comunidad mágica te agradecería… Pero dime Céline, ¿sería suficiente para ti? Saber que has necesitado neutralizarme para ser la mejor. Puedes vivir con la idea de que… ¿no eres suficiente? Te lo comento porque joderme a mi, no va a solucionar tus desórdenes mentales… Para eso hay unas personas muy instruidas llamadas psicólogos aunque en tu caso… Creo que irías al psiquiata directamente.

El habitáculo donde se encontraban no era otro que la vieja cabaña del leñador de la finca familiar, cabaña que para la previsible Céline sería el lugar favorito para hacer allí el orbitario de Stoner salvo por un detalle. Stoner tenía claro que no iba a morir hoy.

Días atrás, antes de que salieran los resultados de las oposiciones había pintado aquella cabaña con una pintura altamente reactiva al fuego, además de haber puesto un ambientador igual de reactivo. Por otro lado, había colocado un reloj en la pared para que sonara a cada hora en punto. De tal manera que esa sería la señal para su cuervo, su único amigo fiel, cogiera una ramita de fuego de la candela cercana donde los más pequeños de la familia jugaban para dejarla caer justo encima de la casa a la tercera campanada.

Primera campanada:

-No eres tan increíble como piensas, Charlotte Stoner. Mi hermano te echará de menos pero lo superará o quizás debería dejarte manca…- Le calva un puñal en el hombro izquierdo.

Stoner grita de dolor. Segunda campanada:

-Disculpa, si el que está en la ventada. ¿Podrías correr un poco la cortina? Verás, estamos viviendo la crónica de mi muerte y me gustaría sentir los rayos de sol antes de morir. Céline… Por todo lo que nos separa, ¿me concederás ese último deseo?

Céline asiente y le apunta con su varita. –¿Últimas palabras?-

Tercera campanada:

-¿Para qué si no vas a recordarlas?

El fuego toma el lugar, ninguno puede salir de la casa gracias a que habían realizado un hechizo aislamiento. Charlie se había lanzado encima de Céline para así poder quitarle la varita y que no lo levantara, consigue zafarse de las ataduras y recuperar su varita. Los supuestos matones, no eran más que animales transformados. Punto para ella pero no el suficiente…

-¿Qué es ese olor? ¿Qué has hecho ya loca?– Grita Céline desesperada.

-Naftalina, querida. Pocos olores hay tan puros como ese. Lo sabría si en vez de ir a la peluquería hubieras estudiado alquimia.- Consigue parar el hechizo mortal que le lanza Céline y contratacar con el hechizo de dominación, haciendo que la deje malherida en el suelo rozando la inconsciencia para a continuación, coger su propia varita y auto-desmemorizarse.

Stoner siente como se desangra mientras el humo del fuego hace lo propio, se concentra en la naftalina mientras con los ojos entrecerrados, ve a su cuerpo tomar su varita y arrojarla en la chimenea.

Acto seguido escucha unas voces, una mano cálida y pierde la consciencia.

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