Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Víctor Chamizo Sánchez (España)

Asesinatos consentidos. El Poder (verano) Primera parte

Sentado sobre uno de los bancos del parque y, aparentemente dormido, se encontraba el cuerpo de un hombre de unos cincuenta años. Un sol cenital caía a plomo sobre las copas de los árboles y los caminos de tierra que recorrían la amplitud de los jardines. El calor sofocante del mediodía había desertizado la zona, recorrida solo por los pájaros que revoloteaban entre las ramas y por una infinidad de insectos voladores.

El inspector cruzó la banda de plástico de color amarillo que la policía había instalado en un radio aproximado de cinco metros, algo aparentemente innecesario, a juzgar por la ausencia de vida humana en kilómetros a la redonda.

—¿Han hecho fotos? —espetó a uno de los agentes.

—Sí, inspector, desde todos los ángulos.

—Bien, ¿cuánto tardarán el juez y los servicios de emergencia?

—Están de camino, inspector.

Apenas había pronunciado aquellas palabras, cuando en la distancia un escándalo de sirenas y parpadeos azules inundó la amplitud del espacio. Se escuchó el sonido sordo de la portezuela cuando encajó en su marco, y luego el sonido de un motor en la lejanía, y un nuevo atronar de sirenas y más destellos de parpadeos anaranjados.

—¿De qué se trata? —El juez hablaba con voz cansina, como si le molestase estar allí en ese momento.

—Realmente desconcertante, no parece haber indicios de violencia —indicó el inspector— pero hasta que no lleguen los servicios de emergencia no podemos decir nada.

Un par de individuos se acercaron hacia donde se encontraban el inspector, el juez y los agentes.

—¿De qué se trata? —inquirió el que debía ser el médico

—No sabemos, no hay signos de violencia.

El médico alzó los ojos, hacia donde se hallaban el inspector y el agente.

—Parece un infarto, pero habrá que practicar la autopsia, para concluir la exactitud de la muerte.

El juez levantó el atestado y se fue. Los camilleros retiraron el cuerpo. El lugar quedó desierto, poblado únicamente por los pájaros y los insectos. El inspector suspiró, por fin un suceso que no revertía un hecho desagradable, o un proceso de investigación exhaustivo. Ordenó que recogiesen todo el material y se marcharan.

Habían transcurrido dos días desde que encontraran al hombre, muerto sobre el banco, cuando el inspector recibió una llamada.
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