Tenían que ser cautelosos tus ojos
cuando me miraban de frente,
pero el peligro que enseña de cerca
me vino a batir todas las partidas.
La casualidad es que yo no sabía
que tu boca es un arma de fuego,
y tus manos dardos incandescentes
que han venido a salvarme la vida.
Ahora con voz de guerrera me alzo,
y en tus pies mi alma dejo caer,
voy a paso pequeño en el tiempo,
para contigo cada día poder renacer.
Que aunque no lo supiera te amo,
y aunque no lo supieras te amé,
porque ando descalza un camino
que a tu lado empecé a recorrer.
Eternidad que estés presente,
siempre que la duda te busque,
que yo contigo quiero quedarme
sin que ningún fin nos asuste.



Replica a Francisco J. Berenguer Cancelar la respuesta