Luces acalambradas
y caderas silenciosas
junto a calles luminosas
y unas primaveras heladas;
al verme tan alta, esperanza
de sentarme al final del camino,
y encontrar un nuevo destino
en una cúpula de alabanza.
Pasando el atrio sin sorpresas
vida cotidiana absoluta
y apacible, se disfruta
quedando miradas embelesas.
No engaño a nadie con la belleza
de mi sonrisa, insólito suceso
cual corto y tierno beso
que de un joven es proeza.
Quiero volar por avenidas nuevas
y surtirme de corazones rotos
que pueda coleccionar como fotos
hasta pedirte por favor que vuelvas,



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