En el atrio

‪Luces acalambradas
y caderas silenciosas
‪junto a calles luminosas
‪y unas primaveras heladas;

‪al verme tan alta, esperanza
‪de sentarme al final del camino,
‪y encontrar un nuevo destino
‪en una cúpula de alabanza.‬

‪Pasando el atrio sin sorpresas
vida cotidiana absoluta
‪y apacible, se disfruta
‪quedando miradas embelesas.

‪No engaño a nadie con la belleza
de mi sonrisa, insólito suceso
‪cual corto y tierno beso
‪que de un joven es proeza.

‪Quiero volar por avenidas nuevas
y surtirme de corazones rotos
‪que pueda coleccionar como fotos
‪hasta pedirte por favor que vuelvas,

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Una respuesta a «En el atrio»

  1. En el atrio: ser o no ser. Cuando mantienes tal fe ciega, llegas a ver en oscuridad de sobra como para quedar ciego, y es a tal punto cuando pese a ocurrir el milagro no llegas a tomar conciencia de lo que esperabas, pues eres ciego a la fe. Consiste en tomar conciencia de uno mismo, así que en el atrio, uno se dice: todos sufrimos, pero mi fe no es ciega. Ser o no ser, ¿lo vemos o creemos verlo? Viva fe; sabemos que está ahí: no hay duda cuando los ojos de Dios son vivos a nuestra fe. PD. Me encanta.

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