Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Javier S. Bernal (España)

Epifanía

“¿En serio? ¿Solo treinta minutos?”, pensé, descubriéndome realmente alarmado por primera vez.

Nada de todo aquello tenía sentido. Mi amiga, desaparecida. Y yo… absolutamente desconcertado, sin saber dónde estaba ni cómo salir de allí. Tenía que darme prisa, pero no podía caer en la desesperación. Tratando de buscar respuestas, me concentré en los últimos minutos que había pasado junto a Natalia. Quizás rebuscando en mi memoria pudiera comenzar a encajar las piezas…

La presentación del libro de mi amiga se desarrollaba en un lujoso salón de un hotel en el centro de la ciudad. Debo reconocer que algo me había llamado la atención desde el principio: a pesar de la notoriedad de Natalia y de la agresiva publicidad que había llevado a cabo la editorial, poco más de una veintena de personas habían confirmado su asistencia al evento y, entre ellas, apenas dos o tres de sus colegas, junto con varios periodistas que parecían no tener muy claro qué hacían ahí. El resto, tenían pinta de ser gente anónima; personas ociosas que solo buscaban curiosear. Recuerdo haber conversado eso mismo con mi amiga, minutos antes de que comenzara el acto:

—Si fuera una presentación de Dan Brown, no cabría un alfiler —me susurró Natalia, entre frustrada y divertida—. Tal vez debí haberle invitado…

Dan Brown era siempre motivo de chanza entre nosotros. No porque lo considerásemos un mal escritor (muy al contrario, yo nunca he escondido que disfruto con sus novelas), sino porque ambos coincidíamos en lo fácil que resulta escribir sobre aquello que los demás estamos dispuestos a leer.

—Quizás debiste pedirle que firmara el libro contigo, o que te dedicara el prólogo —respondí, con sorna mal disimulada.

Ella me miró, cómplice, y se dirigió a la mesa, junto a su editora, una mujer de mediana edad, de una sobriedad y elegancia desbordantes. Yo me dispuse a ocupar una de las sillas de la última fila, pero Natalia, con un gesto casi imperceptible que solo ambos entendimos, me invitó a sentarme en uno de los lugares reservados. Accedí y me acomodé.

Ahora, apremiado por el tiempo y con un temor más que palpable, me obligué a centrar mi atención en el resto del público. En otra situación, me habría encantado poner a prueba mi capacidad retentiva pero, en esos momentos, con la amenaza real de mi muerte, todas mis conexiones parecían haberse atrofiado.

Procesé rostros, posturas, gestos… algunas personas me resultaban vagamente familiares, aunque no fui capaz de ubicarlas. De repente, instintivamente, mi recuerdo se detuvo en un sujeto que se encontraba de pie, cerca de una puerta de salida, a la derecha de la mesa presidencial. Se había colocado en la penumbra, como tratando de que las sombras ocultaran su identidad. Me sorprendí al darme cuenta de que, a pesar de que su posición no se encontraba en mi ángulo directo de visión, lo había seguido con insistencia. Así, recordé que aquel extraño había tomado notas, de cuando en cuando, coincidiendo con las intervenciones de Natalia. Lo vi en mi cabeza negando efusivamente alguna de sus afirmaciones y asintiendo, aliviado, en otras. Hasta ahí, nada que me hiciera sospechar. Pero, en el turno de preguntas, descubrí que el sujeto se había movido hacia atrás y que, tras utilizar su teléfono móvil, aparecieron dos hombres de negro, extremadamente corpulentos y ocultos tras unas gafas de sol idénticas, quienes se situaron a su lado. Un rotundo aplauso desvió mi atención de aquellos tres, así que volví a mirar a mi amiga, que me buscaba con sus ojos. Le sonreí, mostrándole que estaba orgulloso de ella.

“¿Quién era aquel tipo? ¿Por qué ese afán de anotar prácticamente cada palabra que Natalia pronunciaba?” No cabía duda, estaba seguro; acababa de abrir un filón del que debía tirar si pretendía volver a ver la luz del sol.

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2 comentarios

  1. Genial entrada! Con todos los condimentos de una narrativa clara y llena de interrogantes, con un golpe final…que como estos puntos suspensivos, provoca en el lector la avidez de “el como sigue”. Un abrazo.

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