Óscar Molina (México) Escritores de Letras & Poesía Poesía en Verso

Esto no es un poema, pero léase en voz alta

A ti, la poca certeza que aún me habita.

Oye, siempre escribo mis poemas
pensando en ti
y en tus tiempos,
en que si empiezo ahora mismo
tardaré diecisiete minutos exactos
en terminar,
dos días en convencerme
de que no es total basura,
una hora corrigiendo
y dos horas decidiendo
que revista de internet
puede querer publicarme.
A partir de ahí pasa un mes
hasta que el poema sale;
dos días antes del ocho,
o el día ocho,
o dos días después del ocho,
que es el eco de tu nacimiento.

Estoy en la computadora
desgastando la vista que no tengo
y midiendo la tristeza que exagero.
¿Te molesta si uso
las líneas bajo tu retrato
para escribir muchas tonterías?
Espero que no,
no sé cuánto tarde tu respuesta.

En fin.
Hoy quería comer pay.
El pay es mi postre favorito,
¿lo sabías?
El pastel casi no me gusta,
odio todo el betún
o no sé cómo se llame.
No sabe bien,
solo se ve bonito.
Hay mucha gente que es
como el betún:
no saben bien,
pero saben lucir,
¿me explico?
Son bonitos.
Guapos.
Guapas.
Pero por dentro.

Es tarde.
Yo debería estar escribiendo
un poema.
Lo dejé y quise charlar
con el celular de Alejandra,
pero ella está dormida,
o está despierta y me evita,
o un punto medio entre ambos.

En fin, debería estar escribiendo
un poema,
y creo que ésta es también
una forma de hacerlo.
Últimamente siento
que me falta conversar;
es decir,
si no converso,
¿cómo puedo hablar del mundo?
No se puede.
O bueno,
sí,
pero te sale feo.

Recientemente siento
que mis poemas son
como el betún.
Se leen bonito,
usan palabras bonitas,
están escritos con la más
bonita
de mis formas,
pero no saben a mucho.
A mí ya casi no me saben.
Algunos sí, claro,
pero la mayoría no.
Y es triste.

No te dije,
ni a ti ni a nadie,
pero quiero hacer un poemario.
Pensaba meterlo a concurso,
es por septiembre,
mas quien sabe si termine.
Trescientos versos como mínimo,
quinientos máximo.
No parecen muchos,
pero hacerlos es
complicado.
El que estaba haciendo.
Y que dejé.
(Eso debería ir en un paréntesis).
((Y que dejé)).
Se llama
“cuando usted y yo muramos”;
tiene seis versos apenas,
faltan doscientos noventa y cuatro.

Soy un chico solitario,
últimamente
(como es todo)
lo he pensado.
No me incomoda.
Pero.
No sé.
A veces me pienso
con cuarenta años,
en la casa de mis padres,
ellos muertos
y mi hermana casada.
Quizá haga lo que justo ahora
y busque uno de mis contactos
y me ponga a contarle
cosas que no entiendo,
como,
por ejemplo:
el inglés perfecto de tus ojos,
los fetiches de los extranjeros,
mi infancia a orillas de la periferia,
la cansada caminata de los muebles
o México.

¿Qué que hago luego?
No sé.
Luego me muero.

Texto escrito con fragmentos de conversaciones de Messenger y Whatsapp acontecidas en los meses de mayo y junio del 2019.

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