Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Tintazul21 (República Dominicana)

Juegos de cebolla

Me desnudó, quitó una por una todas mis capas, dejándome completamente a la intemperie, débil e indefenso en medio de una batalla épica donde me creí vencedor. Un filoso cuchillo fueron sus labios que arrancaron de a poco las palabras de los míos hasta hacerlas suyos.

Prometí que nunca más sería vulnerable, que no caería nuevamente en este juego destructor al que llamamos amor. Ya no me animaba a hacer más apuestas a ojos cerrados donde, la casualidad más que la fortuna, es la que determina el curso de la ruleta, los dados y el azar.

Sin embargo, ella destruyó todas las barreras que coloqué en su camino, con su mirada, su sonrisa implacable, sus argumentos graciosos y certeros, con sus abrazos absorbentes. Armas que sin duda no estaba preparado para enfrentar, sobre todo si las combinaba con el contoneo de su caminar, las líneas de su silueta a contraluz y ese ánimo salvaje que se despertaba solo entre las sábanas.

Por su culpa nuestros perfumes se fundieron, brotando un aroma sublime de nuestra piel, una única piel fundida por las brasas del amor y el deseo, más allá de las feromonas inyectadas por la química básica, más sublime que cualquier Chanel.

A partir de la llegada de esta persistente criatura, que alborotó mi mundo solo por curiosidad, las noches empezaron a significar algo más que fría soledad entre copas y estupefacientes, se volvieron la excusa perfecta para romantizar el paisaje citadino al que estamos tan acostumbrados, admirar la luna llena y pavonearnos del sentimiento mutuo que brota por los poros sin forma de retención.

Me dejó explorarla cuidadosamente, al tiempo que conquistaba mi complejo universo de hombre subcualificado para la pasión, por eso ya no tiene secretos, pues mío es incluso el lunar en su pecho y bajo su falda ya no hay nada desconocido para mis dedos, ni mi lengua.

Ella ganó este juego de voluntades porque me hizo olvidar que este idilio tan repentino y hermoso puede terminar en una batalla donde, irremediablemente uno de los dos caerá rendido, habiendo perdido todo en la última oportunidad. Pensar en el fatídico final parece absurdo, pues ahora mismo, con la ilusión encendida y el valor como armadura, ninguno quiere dejar de apostar.

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