Óscar Molina (México) Escritores de Letras & Poesía Prosa Poética

Instrucciones para ignorar los mensajes

Para ignorar los mensajes uno debe, antes que nada, tener gente que le escriba, además de ser bueno ignorando en otras áreas y, específicamente, ignorando emociones.

Al principio resulta complicado, pero luego de un tiempo solo se vuelve difícil. El ignorador (o ignorante, ignoro cual sea la forma adecuada de llamarle) es un experto en dominarse, controlar los puntos y los signos es la clave para llevar a cabo este ejercicio.

Olvídese de la gente que ama, nadie soporta que le ignoren. Peor aún si lo hace por WhatsApp o Messenger, o alguna otra de esas horribles aplicaciones que lo único que han hecho es malacostumbrarnos a la inmediatez. Resígnese a morir solo (las relaciones personales únicamente se pueden solicitar por escrito y a distancia), usted tendrá amigos a medias, parejas a medias, conocidos desconocidos, puesto que usted no está completo.

Asúmase como alguien no real, o al menos no plenamente real. Ignorar es un cuestionamiento a la existencia, e ignorar lo que los demás nos dicen es todavía más contundente; cuando se pasa mucho tiempo sin que nadie sepa de alguien, entonces se comienza a olvidar, y a olvidar, hasta que ese alguien sólo sobrevive en vestigios y retazos de memoria.

Cuando se ignora se debe ser muy cuidadoso. El material para ignorar es limitado, así que es posible que una vez por año, usted tenga que atraer la atención de dos o tres personas, engatusarlas, acostumbrarlas a su nombre y a su letra y, justo cuando ellas y usted crean que son casi indispensables para la vida del otro, ignorarlas, no por maldad o por gozo, sino simplemente porque se encuentra muy comprometido con esto.

El paso final para ignorar los mensajes (y la gente, y las emociones, éste es el paso final de casi todas las instrucciones de ese tipo) es aceptar que ignorar es una de las formas más radicales que existen para negarnos a nosotros mismos.

Advertencia: si usted se arrepiente y deja inconcluso el proceso, deseando retomar su vida como era antes de que aprendiera a ignorar, no se sorprenda de una cosa: que la gente le ignore.

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