Cuentos/Relatos Escritores de Letras & Poesía Willy Ortiz (Colombia)

Siguiendo una estrella

El momento de partir había llegado, pero Baltasar dudaba. Aún no lograba entender la falta de entusiasmo que había generado su profecía. Lo más raro no era que la gente del común no le creyera, lo más extraño era que ningún adivino, mago o hechicero se manifestara a su favor. La estrella sin embargo seguía allí, inmóvil en cielo, indicando el occidente como destino. De día y de noche brillaba como una antorcha, seguramente dispuesta por los dioses para mostrar el camino a los hombres.

El desierto se extendía delante de sus ojos como un mar prometedor de aventuras. Todo estaba listo para el viaje. El camello cargaba con dos baúles enormes llenos de ropa, una tienda y enseres de su profesión de adivino. Su atuendo era el adecuado para protegerlo del calor y del frío, y dado el caso, de las fuertes ráfagas de viento cargadas de arena que podían desatarse en cualquier momento. En uno de sus numerosos bolsillos llevaba el presente con el que pensaba homenajear al recién nacido. Se trataba de un pequeño cofre de madera lleno de mirra de la mejor calidad, según le había dicho el vendedor del mercado.

¿Será que me equivoqué? Pero si lo vi clarito, es la hora de su nacimiento… ¿Entonces por qué nadie va a recibirle? ¿Seré yo el único que lo vio?… Solo hay una forma de saberlo, dijo mirando a su camello y dando un paso hacia adelante. Sin embargo, no alcanzo a dar sino un par de pasos antes de ser interrumpido en su viaje por una voz desconocida.

Navegar en el desierto es mucho más ameno si se hace con compañía ¿Desea usted compartir nuestra ruta?

Dos hombres de vestimenta muy lujosa, acompañados por dos camellos bien cargados, se aprestaban igualmente a tomar la errática ruta del desierto. Unos segundos antes no se encontraban en el lugar. Baltasar dedujo enseguida que se trataba de magos muy habilidosos, capaces de ocultar su presencia en un lugar abierto como lo era el desierto en el que se encontraban.

-Eso depende ¿hacia dónde van?

-Seguimos aquella estrella para saludar al nuevo rey de los judíos, símbolo de esperanza para la humanidad. Yo soy Melchor y mi compañero es Gaspar.

-¡Ah! Me sacan de la duda…Ya empezaba a creer que yo había sido el único en ver los signos. De ser así ¿qué esperamos?

Mientras atravesaban las dunas de aquel paisaje lunar, los tres hombres se contaban secretos y aventuras. Durante las noches compartían el narguile y se preguntaban por qué solo tres de tantos hombres de ciencias habían interpretado los signos. Pues no solo era la estrella que reafirmaba lo que ellos pensaban, los tres habían experimentado tipos diferentes de adivinación. Baltasar lo había visto en un sueño, Gaspar en el fondo de su taza de café y Melchor en el humo de su narguile. Todos coincidían en el nacimiento de una persona especial, enviada al mundo para salvarlo.

-Será un hombre fuerte, capaz de romper cadenas y derribar murallas, decía Melchor.

-Claro, seguro levantará legiones y creará un nuevo mundo ¡hasta una nueva religión! completaba Gaspar.

-Yo pienso que será más bien un pacifista… tal vez un solitario como Siddharta Gautama, argumentaba por su parte Baltasar.

Después de muchos días de travesía llegaron por fin a Belén, un poblado hebreo donde nadie parecía estar al corriente que un nuevo rey llegaba al mundo para salvarlo. La estrella los condujo hasta una casucha vieja y en mal estado. Tocaron a la puerta, ansiosos de ver al bebe por el que habían hecho tan lejano viaje. Un hombre de vestimenta muy pobre les abrió. ¿Quiénes son y qué quieren? Les preguntó. Venimos de oriente, desde muy lejos siguiendo la estrella que anuncia la llegada al mundo de un rey salvador, respondió Gaspar. Traemos regalos para él, completó Melchor.

El hombre parecía sorprendido, los miraba de arriba abajo, interrogándose si debía o no abrir la puerta a tres extranjeros extrañamente vestidos. Al final se decidió y los invitó a seguir. En el recinto, sentada en una cama, se encontraba una madre amamantando a su bebe. Era una mujer joven, máximo de dieciocho años. Al verla los tres se acercaron, y tendiéndole los regalos, le dijeron: hemos venido a ver al nuevo rey, díganos por favor cómo se llama.

Creo que se han equivocado, contestó atónita la madre.

Imposible, los astros y la magia nunca mienten, argumentaron los tres en coro.

-De ser así, no es rey sino reina… y se llama Magdalena.

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