Elías L. Brizuela (Argentina) Escritores de Letras & Poesía Prosa Poética

Sueños

Es una falsa ilusión, la que se nos presenta con anhelo e irreverencia. Aquella que nos desarma el júbilo y nos penetra en lo más entero y profundo de nuestro ser. Como un manantial de ideas escritas a mano y redactadas por el mejor autor de los tiempos divinos del arte; antes, claro, de que el capital arruinara su esbelto trono de amor e imaginación.

Es una falsa ilusión, la que se nos presenta de niños al volar en nuestras mentes, el sueño de alcanzar el cielo divino. Y luego, como siempre, es inevitable o quizá por cuestiones del azar, que se divida nuestra alma. Es decir, caer es parte de ese ciclo. Casi como un cometa que remonta los suaves y dulces vientos de primavera, para luego caer en el lodazal y ensuciar sus alas y corromper el brillo de una sonrisa infantil. 

Parte de ese camino es su final, que nos llena de angustia y tristeza por no poder ver el azul del cielo y el anaranjado del ocaso; las aves circundando el cielo, sentir el viento como surcos en tu pecho y respirar el aire que anida en los árboles. Todo parte de un constante ciclo. A veces, casi siempre, sin premisas, sin sueños, sin energías por qué seguir volando para llegar al nido; llegar a casa. 

Es así que comenzamos sin saber volar, como un ave sin su plumaje vital. Aprendemos a volar desnudos y nos golpean la cara, para que caigamos como cometa al lodazal. Y el sueño se desvanece, como la última melodía que suena en un piano de cola que toca con nostalgia sus últimas notas. En lo más austral del planeta que habitamos, donde el viento choca y las olas siguen un ritmo constante; ni muy calmo, ni muy estrepitoso. Cual sinfonía se mueven los elementos de aquel sitio alejado y melancólico, que oyen al piano desmenuzar su último congojo. 

Todos acogemos el sueño que se nos inscribe, como un enorme pastel de chocolate. Empero, todos quieren una porción que rellene el suyo; como en los cumpleaños. Y así va quedando, con el tiempo, tu pastel casi no tiene forma. Es solo una pequeña porción de tristeza que se deja ir hacia el mar, hacia lo más austral. 

Y cuando miras por la ventana y el diluvio de agua de mar que cae por tu marginal calamidad te empapa de un sollozo inevitable, te preguntas: ¿Es una falsa ilusión la que se nos presenta?

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