Ilusiones salpicadas de esperanza.

La vi marchar, corriendo bajo la lluvia, huyendo del monstruo en que creyó me había convertido, le repugnaba cada parte de mí, por más mínimo que fuera; sin embargo lo que realmente descubrió fue: que yo ya era así. Puedo asegurar que se odió a si misma al darse cuenta del hombre con el que estaba, del que se había enamorado locamente hasta el grado de dar y ser lo que iba contra su moral, así que huyó cual gacela amenazada por el depredador.

Amarla fue lo más grato de mi vida, sentir su calor y su frío al mismo tiempo, sentir el cielo a mis pies, ella me daba la esperanza de que hay algo más después de la vida, de que no estamos aquí solo por estarlo, y así mismo no nos encontramos con almas sólo por casualidad, no cabe duda que ella era mi destino, fue un placer estar con ella y sé que a su vez me amó, o mejor dicho, amó esa ilusión que nos creamos ambos de cada uno. Amamos lo mejor que pudimos y dimos todo sin pensar realmente, nos dejamos llevar por los sentimientos a flor de piel, como buenos amantes. Nunca me imaginé que enormes consecuencias habría al descubrirnos realmente.

Ahora que ha pasado tanto tiempo desde su partida, puedo decir que el amor no es más que un torrente de ilusiones, que pega de frente al corazón. Siempre tratamos de dar nuestra mejor cara al otro, y que ¡divina mentira! Que como consecuencia no trae más que la aceptación del ser amado. Ilusiones salpicadas con el color de la esperanza. Nos amamos, me llenó de las mejores emociones y sentimientos; Y al desvestirme frente a ella… ¡que desilusión se llevó!, simplemente no soportó la terrible verdad. El momento fue eternamente grato, agradezco su imperecedero corto tiempo en mi vida.

He extrañado sus bailes por las mañanas, llenando de alegría con cada movimiento mi amargado corazón; Su sonrisa un poco torcida, porque la alegría pesa más de un lado que del otro; Sus hermosos ojos, que me daban sorbos de café por las mañanas; El cabello rebelde, que se negaba a acostar tras una caricia de mi mano; Pero lo que más extraño, es la esperanza que me daba para continuar con esta vida del carajo, y así mismo la ilusión que generaba nuestro amor.

Por: Ana María González (México)

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