Cuando bostezan los volcanes,
los árboles sostienen con el alma
la piedra derretida, la ira subterránea.
Sostienen al fuego, a más no poder.
Y si de pronto el magma,
fuese menos denso menos rojo,
menos muerte.
Si aún brotando del techo puntiagudo,
de algunas montañas, fuese ahora
más fresco y cristalino. Más noble.
¿Qué ocurriría con la roca fundida,
o la sangre hirviendo, que el planeta oculta?
Si el magma fuese agua y la lava ni existiera,
las cordilleras serían suaves, como alfombradas.
Puedes llamarme loco, pero creo
que todas las montañas tendrían tu risa;
y el color claro de los guantes que cuidan tus manos.
Puedes llamarme loco, pero aseguro
que no solo yo, sino el mundo entero,
se perdería en tu mirada infinita.



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