Antonio Navarro Vázquez (España) Géneros Poesía

Carta al abuelo

Hace mucho prometiste

enseñarme

los palacios intemporales,

y me voy haciendo viejo.” *

Antonio Navarro Vázquez

Hola abuelo, sé que estarás bien. A día de hoy, aun guardo una imagen tuya (dibujada por las manos de un niño) que creo que conservaré para el final. Y que conste: sé que no te gustaban los finales. Siempre preferiste sembrar y esmerarte en lo tuyo, a disfrutar del festín de la cosecha. Lo tuyo siempre fue el campo, su trabajo, sus labores y claro… allí las prisas nunca fueron buenas. El final siempre te hacía pensar en si el camino se había transitado correctamente y, al final, donde menos se piensa es en el propio camino. Tú siempre fuiste de ponerle el despertador al sol, calzarte con cuidado, montarte sobre el tractor y observar cómo los días se iban y volvían, alerta de lo que trajera el mañana. Alerta, siempre alerta. Como un jefe cuidando de su tribu.

Ahora nosotros, tu legado, nos hemos dispersado por el mapa. Los puentes que nos unían han caído y las semanas se desbordan con la indiferencia de un río que solo piensa en sí mismo. Y tú, que te fuiste antes de que el aluvión nos llevase de por medio, de pronto ves como tu legado se fragmenta en mil porciones de tierra mojada. Tú, que lo único que querías era ver unida a tu herencia, ahora ves cómo se disuelve, inevitable, con la esperanza de que la desunión haga la fuerza. De que la distancia haga la fuerza. ¿Esto no era un imposible? Y entonces, el tiempo prolifera como un prado de alhuceñas y desfigura todas nuestras convicciones.

Ahora, el mañana no está tan claro. Recuerdo cómo mirabas el cielo y predecías el rostro de cada amanecer con solo fijarte en el rastro de las nubes. Un atardecer de sangre, un amanecer con lluvia. Y ahora, cuando parece indiferente pensar en cómo amanezca, lo difícil es no predecir qué traerá el mañana. Qué ironía: parece que lo desconocido nos es más familiar que nunca. Hasta ahora.

Y tú, con las estaciones como referencia

con las previsiones como referencia

con el secano y las lluvias como referencia

ahora debes de mirarnos y pensar que, más que nunca, el tiempo ya no es una referencia.

El tiempo ahora es un reloj con agujas cansadas de señalar al norte. El norte, ese norte, del que nosotros bajábamos cada semana para visitar tu infinito orden, ahora en más silencio que nunca. La tierra calla, pero al parecer, no otorga.

Es increíble los matices que puede esconder cada silencio. Es como si de un palmo de tierra vacío pudiera brotar cualquier especie de flores. Incluso varias flores. Incluso, muertas flores. El silencio, tu silencio, tu fuente de calma, tu eterna sospecha de que el silencio es siempre signo e indicio de paz, ahora nos devora y nos saborea, con el gusto insolente de un tirano que disfruta su victoria.

Y entonces, las sombras se alargan sin prisa sobre la plaza. Más densamente que nunca. Y ya uno no sabe a qué atenerse, abuelo.

La familia, el flujo incuestionable de la sangre, ahora se aleja y se aleja y ahora, más que nunca, la tierra pone tierra de por medio. Y la verdad es que siento que ya no hay nada que uno pueda hacer por regar y cuidar lo que cultiva. Y yo siembro, te lo juro, pero siento que no brota un fruto de ello. Porque parece que nadie lo riega. Y es que es verdad que tú no lo cuidas.

Y las palabras que ya no lleva el viento alargan sus pausas más rápido aún que las sombras de nuestra plaza. Ahora, justo ahora. Justo cuando el tiempo tiene menos prisa que nunca y nos convierte en el blanco de su lentitud. Claro que, quizás sea por eso.

Ya, no sé ni qué decirte, ni qué pensarte, ni cómo hacerme pero, creo que aún guardo una esperanza en ese pozo tuyo de enseñanzas: el barbecho forma parte de la siembra. Y quizás, solo seamos eso: barbecho.

Espero que estés bien abuelo, y no tengas en cuenta mis palabras.

Aquí abajo nos cuidamos despacito, como te gustaría. Claro que, no nos queda más remedio.

Mientras tanto, espero que sigas sobre tu tractor segando tu cielo de nubes. Guárdanos un hueco en tu hoguera.

Te quiere

uno que camina.

P.D.: Video-poema de Palacios intemporales: https://youtu.be/JCkW_AYDXXs

*Extracto del poema Palacios intemporales, incluido en mi poemario Ángeles y Condenas. Link al poema

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