Cuento Oliver P. Rohand (Venezuela)

Scherzo, colpa: Misery business

No muy galante ni alto, un poco casual para llevar tal porte. Lo veo acercarse con cierto ímpetu; cerrar temprano no es mi estilo, espanta a la clientela más interesante.

-El teléfono.

Directo al punto, disfruto de los clientes decididos, aunque cómo negar que me sorprendió su rapidez. Quizá confundió ira con la intriga en mi mirada. Apunta a su bolsillo,  ¿cuánto tendrá en la billetera? ¿Querrá regatear un poco? No pretendo quitarle un centavo al precio, quizá hasta le agregue unos ceros.

-¿Cuánto ofrece?

En este arte no hay maestro que copie, ¿estaré contra un amateur más o un digno oponente con labia olímpica? Veamos a qué tan buen negociante me enfrento.

-Suéltalo y te vas sin balas.

Principiante, pero con una tajante oferta; he de aceptar. Me convenció por esta vez, le cobraré el doble por un corta uñas si lo vuelvo a ver.

-Largo de aquí.

¿Y ahora cómo llamo un taxi?

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