Celeste Jiménez (España) Poesía

Los relojes son un fénix

Hay veces que el “para siempre”

se sentencia de verdad; yo nunca creí en el amor eterno pero,

al igual que el poeta Redry,

tu boca yo nunca la dejaría de besar.

Porque antes de que vinieras a esta casa,

destrocé todos los relojes;

antes de que lo hicieras a mi vida,

mi pasado, los prejuicios y los temores.

Jamás imaginé que mi mayor efectiva forma de meditar

la hallaría al lavar unos brazos;

permíteme que con agua

te elimine el miedo, el barro.

Elegir destino vacacional resulta la mayor de las preocupaciones,

¿no es cierto?

¡Y yo me extraño y me sorprendo

porque tengo tan claro que quiero descansar en tu cuerpo!

Dos bocas que se unen

como exploradores dotándole a un pozo

la connotación de

<manantial>,

así son nuestros rostros

cuando se fusionan

y tan solo nos cubre la luna y nuestra verdad.

Yo también “fui torpe al desnudarte

y arrancarte la ropa del corazón”,

pero, ahora que esta desnudez nos gusta,

aprovechémosla y besémonos el corazón.

Nada más que decir,

todo por expresar,

que quiero pasar las veinticuatro horas tallando con mis labios tus entrañas

y ese lunar que te ha nacido para representar este amor de cándida sinceridad.

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