Artículo Miguel Ángel García García (España)

Contra los guardianes de la pureza

Por: Miguel Ángel García García

Sobre la poesía actual y los debates que genera.

¿Qué es poesía? Poesía eres tú, diría Bécquer. A esa pregunta puede responder también un bot de Twitter, @Poesia_es_Bot, con hilarantes tuits basados en la aleatoriedad del algoritmo con el que está diseñado, sin embargo, dentro de ese comportamiento estocástico surgen combinaciones que, verdaderamente, podrían responder a la pregunta que inaugura mis palabras. Aquí algunos:

Claramente podría dar una respuesta formal a esta pregunta, buscar en arcanos libros de texto y exponerles aquí una tesis sobre qué es la poesía, pero eso no sería entretenido ni atractivo para su lectura. Prefiero presentar un debate sobre qué es y qué no es esta disciplina literaria, me agrada más la idea de observar desde el prisma del escritor cómo se pelean por responder verazmente a esta cuestión.

Podríamos decir, simplificando mucho, que hay dos respuestas a esta pregunta, muy diferentes. La primera de ellas viene de un grupúsculo de adeptos de la pureza que consideran que la poesía solamente puede concebirse de un modo: con una pulcra estética, cuidada y racional métrica, y de temática etérea y nada costumbrista. Es decir, para ellos la poesía es como el misterio de la inmaculada concepción. Defienden con rotundidad una lírica al más puro estilo gongorino, una poesía compleja y fiel al academicismo. Su prioridad es la perfecta ejecución, dejando de lado -en la mayoría de casos- la transmisión de emociones o sentimientos.

Sin embargo, la segunda visión proviene de quienes piensan que la poesía ha de ser más libre, tanto en métrica, como estética y temática; justifican este anarquismo lírico en que si la poesía trata de reflejar la belleza no se le puede poner barreras ni corsés, la poesía como sinónimo de lo bello ha de ser libre y subjetiva a la visión del que escribe y lee. Dentro de estos defensores de la libertad lírica hay quienes consideran que la poesía no tiene por qué ser bella, puede ser cruda, fea, sucia o triste, puede hablar de lo real, de lo tangible y cotidiano, y no únicamente de lo ideal, onírico o celestial. Este bando defiende la poesía como arte emisor de sensaciones, miedos, pasiones, realidades y pulsiones del ser, sin prestar atención o sin priorizar la forma en la que se hace.

Pintura de la Inmaculada, del pintor español Murillo (1617-1682). Fuente de la imagen: Pinterest.

Estas posiciones enfrentadas suelen tener conflictos a raíz de publicaciones de uno y otro bando, mas hay un campo de batalla en el que siempre confluyen: la poesía actual o, mejor dicho, la poesía actual que vende.

La tesis a debatir es que en la actualidad la poesía que se vende o que se lee no es de buena calidad, se cree que esa poesía está donde está por los números que mueven los autores en redes sociales, se suele mencionar a personas como Defreds o Redry, no voy a entrar a valorarlos porque entiendo que hay opiniones muy variadas a este respecto.

Lo que sí quiero aportar es otra visión de la poesía que se lee estos días, refutar esa tesis exponiendo que hay poetas más allá de estos nombres de instagramers, y que nada tienen que ver con ellos ni se parecen a lo que hacen los otros, por ejemplo, poetas de los que ya se habló en otro artículo como Rosa Berbel o Juan F. Rivero, otros como Alberto Conejero, Abraham Guerrero (reciente ganador del Premio Adonáis de poesía), Carla Nyman o Juan Gallego Benot. Y, por supuesto, no me quiero ni me puedo olvidar de quienes publican poesía en esta web, cientos de poetas que con sus versos reivindican la diversidad de estilos que tiene este arte. Pensar que la poesía ha muerto o se ha vendido al mercado por un par de nombres sin saber que hay poetas más allá de ellos es de tener las miras muy cortas, y la mente muy cerrada.

Si me preguntan por mi posición en esta lírica batalla puedo decirles que la tengo tan clara como que el Sol sale por el Este y se pone por el Oeste. La poesía ha de ser libre, su misión es expresar con palabras el sentir del alma -si es que existe algo como tal- y no se le puede encorsetar bajo los dogmas del pasado y las ansias de conservar cánones difuntos. Sin embargo, tampoco creo que se pueda llamar a cualquier cosa ‘poesía’ y que no todo el que sepa pulsar la tecla ‘enter’ es poeta. Hay que forzar la poesía, trabajar con ella, llevarla hasta límites y puntos antes desconocidos, explorar nuevas líricas, pero sin llegar al punto de desvirtuarla. Podría resumir mi visión en este debate con un dicho popular: “ni tanto, ni tan calvo”.

A todos esos acérrimos puretas que consideran la poesía un ente inamovible, que se ha de conservar en los mismos términos que antaño, solamente quiero decirles que se dejen de lado su comportamiento ‘hooligan’ y abran la mente, acepten otras perspectivas, para disfrutar de la poesía, cualquiera que sea su forma.

Quiero concluir con unos versos de una de mis poetas favoritas , Alejandra Pizarnik, cuya poesía era libre, visceral y perversamente bella:

En la mano crispada de un muerto,

en la memoria de un loco,

en la tristeza de un niño,

en la mano que busca el vaso,

en el vaso inalcanzable,

en la sed de siempre.

‘Moradas’ de Alejandra Pizarnik.

2 comentarios

  1. Me parece, compañero, que aquí has creado un bando de “puretas” tan sólo para generar de la nada un “enemigo” y demonizarlo. Por supuesto, no en el sentido de pintarlos como demonios, pero casi. Es tan caricatural tu descripción, y se nota a tantas leguas por qué “bando” cojeas… En tu descripción de los “liberales” se puede observar todo un giro positivo que das a sus características hasta el punto de que es imposible, al terminar de leerte, no querer ser de este bando; de lo contrario, seríamos malditos conservadores trasnochados y un poco paletos, para ser sinceros. ¡Ejque estamos en 2020, 2020! No me puedo creer que en pleno siglo XXI… Mi mayor crítica (y con esto termino), es que describes características que no son un valor en sí. La libertad, claro, pero ¿cómo? ¿Con qué propósito? ¿Con qué realizaciones? Las mismas preguntas para la métrica. Es una sociedad cada vez más polarizada en la que o somos de un bando o somos de otro, y cada uno se califica como de un bando y evita así considerar quisiera las ideas del adversario. Pasa lo mismo en la poesía. Y tú mismo, ahí, posicionándote de un bando y caricaturizando al otro (decisión acorde a hipóteticas posiciones ideológicas, por cierto), contribuyes a esta situación. No eres más sabio, tan sólo uno más. Y lo digo sin acritud. Entre los fachas y los progres, algunos -pocos- seremos sabios y mediaremos para encontrar la verdad, que está siempre en medio. Entre los rígidos del “si no rima no es poesía” y los adeptos del verso libre sin reflexión ni propósito, algunos escritores nos plantaremos en medio, sin denostar una postura pero tampoco entregándonos de lleno en una de ellas, porque sabemos que la poesía está siempre entre la regla y la libertad, entre la tradición y la modernidad. El futuro dirá.

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