Lo bello y la valla

A esta poesía
nadie la elegía.
Olía a pis de gato,
lejía y glutamato;

nadie jamás
la poseía.

Hasta que llegó ese día.

Ese, un día
que se hundía.

Ese día
que tuvo la osadía.

De hacer un alegato
ante un sindicato.

Y hoy el mundo
le rinde pleitesía.

diego mattarucco poeta escritor

Diego Mattarucco
diegomattarucco.com
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